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El aborto y madres adolescentes

El problema del embarazo adolescente y el aborto en Perú. Un ensayo que nos deja ver el problema, la disyuntiva de si se debe o no legalizar el aborto. El calvario de la mujer, joven y adulta, en Perú.

Pedro A.  Reyes Ramos
Pedro A. Reyes Ramos

29 de abril · 885 palabras

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El aborto y madres adolescentes - Aborto

El aborto es un problema en Perú, como en toda Latinoamérica, que ha estado presente durante décadas sin encontrar una solución efectiva.

El impacto de la no legalización del aborto en la sociedad y la vida de la mujer es evidente en el caso de la madre del autor del ensayo, quien tuvo tres abortos clandestinos realizados por comadronas para evitar ser echada de la casa familiar.

Estos abortos mal hechos le dejaron restos de los fetos en el útero, lo cual afectó su salud en el futuro.

A pesar de esto, en su cuarto embarazo decidió tener al autor del ensayo, quien tuvo una infancia feliz, pero tuvo que enfrentar las secuelas del maltrato que sufrió su madre, quien tenía graves problemas de salud debido a los abortos.

El autor del ensayo confiesa que desconoce lo que afligía a su madre antes de su muerte debido a que nunca lo hablaron. El ensayo muestra cómo la no legalización del aborto puede tener consecuencias graves y duraderas en la vida de las mujeres y sus descendientes.

En Perú el problema del aborto tiene como en todo Latinoamérica, años, pero sin encontrar solución.

Mi madre fue una de las víctimas de la no legalización del aborto y quiero compartir en este ensayo su caso, para que ud pueda ver el impacto que tiene en la sociedad y en la vida de la mujer.

Corría el año 1957 y mi madre vivía en el distrito de La Victoria en Lima. Era una mujer muy enamoradiza y se ilusionó con un muchacho, que vivía donde hoy día es el Estadio de Alianza Lima.

El joven era albañil y mi madre adolescente, se enamoró, porque lo vio: flaco, alto, blancorcito, con dinero en la mano.

Es así que mi madre tenía sus aventuras, como toda adolescente y salía embarazada.

Para que mi abuela no la castigara y la echara de la casa, cada que salía embarazada, se iba a 'una comadrona', para que le practicase un aborto.

Así se hizo hasta tres veces abortos, para evitar hijos no deseados, para no ser echada de la casa familiar.

Estos abortos clandestinos, mal hechos, le dejaron el útero con restos de los fetos, que jamás fueron limpiados, como debía ser con un legrado, porque, maldita sea, en el Perú era y es hasta hoy un delito el aborto provocado.

Así pasaron los meses y nuevamente mi madre salió embarazada, pero en esta vez, ya no se quiso hacer un aborto más, me tuvo a mí.

Nací en Lima, en la maternidad, pero mi madre peleó con mi padre y como castigo, dejó que me quemara el rostro con agua hirviendo de una olla, que jale, por hambre y me bañé el rostro.

Quedé como un monstruo, mi tía Hilda Prinz me encontró llorando y me cargó llevándome a la casa de mi abuela, que también lloró y me recogió.

Así crecí con mis tías y abuela hasta los 27 años, me eduqué en Pueblo Libre, viví allí desde los 3 años de edad, nunca me faltó absolutamente nada, fue una infancia muy feliz, rodeado siempre de regalos, no me faltó nada, fui muy feliz.

Cuando tenía 19 años, mi madre tenía enormes pérdidas de sangre y se escondía en el baño, se revisaba la vagina frecuentemente, como si buscara ver algo que allí había.

Yo quería saber qué la afligía, pero ella me gritó y botó.

Tenía algo en su vagina, pero no sabíamos qué.

Ella iba en secreto al hospital.

Pasaron dos años y nos mudamos a otra casa y es allí cuando por fin, no pudiendo ocultar más su problema, me pidió que la acompañe al hospital.

Lo hice y así llegamos a Neoplásicas.

Me quedé mudo, un frío recorrió mi cuerpo, sabía lo que eso significaba: 'estaba enferma de cáncer'.

Le dije por qué no me dejó ayudarla, por qué lo escondió tanto tiempo.

Ella estaba asustada, preocupada, pero tenía fe en sobrevivir, rezaba, visitaba un brujo; fue terrible saber lo que pasaba.

Los doctores la habían enviado a Bravo Chico y allí le habían puesto rayos de cobalto, que aceleró su enfermedad.

Mi madre murió en medio de dolores horrorosos, murió de un paro cardiaco, porque su corazón no resistió más el dolor, ella no gritaba, no lloraba. Soportaba en silencio con gran valor el dolor.

Mi madre es una de las miles de mujeres que murieron y mueren de cáncer al útero en el Perú; su cáncer se originó años atrás por los abortos mal hechos, mal practicados, por comadronas.

Le habían dicho años antes que se hiciera un vaciado de útero, para que pudiera salvar su vida, pero no aceptó, porque temía que su esposo la abandonara.

Como María Elena, miles de jovencitas hoy están embarazadas; miles se practican abortos en casuchas, seudo consultorios, de modo artesanal, con palos de tejer metálicos, dejando su útero lacerado, herido, con restos orgánicos que luego se pudren y provocan tumoraciones.

Si el aborto fuera legal, las chicas peruanas no recurrirían a comadronas a escondidas, no se practicarían abortos de modo antihigiénico, no tendrían la suerte que corrió mi madre.

El embarazo adolescente en Perú es cada día más frecuente, los abortos clandestinos enriquecen a inescrupulosos que cobran 400 soles por realizarlo, practicarlo, con los peores métodos.

La legalización del aborto no es posible porque la Iglesia Católica se opone, el Estado mira con indiferencia la problemática; si se les da anticonceptivos a las niñas escolares, se sataniza al sector salud. Es un problema difícil de resolver por la incomprensión de la sociedad peruana.

La mortalidad entre los hijos de madres adolescentes es 26% mayor que el promedio general. El embarazo adolescente es una causa importante de abandono escolar, exclusión social y un factor de reproducción de la pobreza.

Cada año alrededor de 115 mil adolescentes resultan embarazadas, mientras que el 20% de los abortos y el 25% de las muertes por complicaciones en el parto o el puerperio (periodo posterior al parto) que ocurren en nuestro país corresponden a este grupo poblacional.

Mi amiga Cecilia murió a los 16 años por practicarse un aborto mal hecho. La comadrona pagó a la policía y no la detuvieron, ni la investigaron; ocurrió el año 1970.

¿Cuántas Cecilias más habrá en el mundo?

   Sonría y sea feliz

 Pedro Alejandro Reyes Ramos

http://saludgeriatriapuericultura.blogspot.com

Pedro A.  Reyes Ramos

Sobre el autor

Pedro A. Reyes Ramos

Instructor de Seguridad Publica y Privada inscrito en el Ministerio de Interior de Peru.Director de AASIPP PERUDirector de Alvisegperu

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