Todo lo que quieras saber, está en las páginas web
Internet ha cambiado la forma de buscar información para usuarios, investigadores y gestores, y ha favorecido el desarrollo de múltiples sitios web cuyas características de calidad y contenido varían ampliamente. Este texto examina la proliferación de contenidos sanitarios en la red y la necesidad de criterios para distinguir información fiable de la que no lo es.
15 de agosto · 585 palabras
El artículo trata sobre el aumento imparable de los contenidos en internet, los cuales se han convertido en la principal fuente de información sanitaria para millones de usuarios, debido a su rapidez, comodidad, accesibilidad, actualización, bajo costo e interactividad.
El porcentaje de población que utiliza internet para obtener información sanitaria es cada vez mayor, llegando al 23% en la Unión Europea y al 28% en España.
Sin embargo, el acceso a internet no garantiza la eficacia en la gestión de la información sanitaria, ya que la calidad y los contenidos de los sitios web son muy variables. Además, se hace cada vez más difícil seleccionar la información y asegurarse de que los resultados sean de calidad.
Por lo tanto, para evaluar la calidad de la información sanitaria en internet, es necesario contar con criterios que permitan filtrar la información fiable y contrastada y distinguirla de aquella que no lo es.
En definitiva, si bien la búsqueda de información sanitaria en internet es cada vez más popular, es fundamental tener un criterio crítico y selectivo para asegurarse de que la información obtenida sea útil y confiable.
El aumento de los contenidos presentes en Internet es imparable, utilizándose como fuente de información por millones de usuarios, debido a varias características que tiene la red: rapidez, comodidad, accesibilidad, actualización, bajo coste e interactividad (Gagliardi; Jadad, 2002; Kinm, 1999).
El porcentaje de población que utiliza Internet es cada vez mayor, siendo del 55 % en el caso de la Unión Europea y del 44 % en España. Centrándonos en la información sanitaria, hasta un 23 % de los internautas de la Unión Europea utiliza la página web para conseguir información sobre la salud, mientras que en España el porcentaje es del 28 % (INE, 2008).
A pesar de la juventud de Internet, esta red se ha convertido en una de las principales fuentes de información sanitaria (Jadad, 2001), ofreciendo una amplia cobertura con una accesibilidad muy rápida (Kinm, 1999; Gagliardi; Jadad, 2002).
Internet ha cambiado la forma de buscar información, tanto a usuarios como a investigadores, así como a los gestores de la información, favoreciendo el desarrollo de múltiples sitios web cuyas características de calidad y contenidos son muy variables. De hecho, es cada vez más difícil seleccionar la información y, sobre todo, que los resultados obtenidos sean de calidad (Jadad; Gagliardi, 1998).
Diversos autores han señalado que, aunque Internet nos ofrece acceso a revistas electrónicas, bases de datos, foros, listas de discusión, bibliotecas digitales, etc., este hecho no aumenta la eficacia en la gestión de la información sanitaria (Bravo, 2003; Azpilicueta et al., 2007; Gagliardi; Jadad, 2002). Teniendo en cuenta el volumen de información sanitaria disponible y la desigualdad en la calidad de la información sobre salud, los usuarios no saben seleccionar los recursos que les pueden ofrecer información sanitaria de calidad (Cifre, 2002; Miller; Derse, 2002).
Por lo tanto, para evaluar la calidad de la información es necesario contar con unos criterios que permitan filtrar la información fiable y contrastada, de la que no lo es, teniendo en cuenta las particularidades de las páginas web como son los intereses comerciales, la falta de credibilidad, el fácil acceso y la escasa habilidad en la consulta por parte del usuario (Merlo, 2003). Diversos autores han establecido unos criterios que deben cumplir estas páginas web. Por ejemplo, la información de las páginas web debe estar estructurada, clasificada y revisada, para que ofrezcan una información fiable (Jadad; Gagliardi, 1998).
Según Purcell, Wilson y Delamothe (2002), la responsabilidad del acceso y la evaluación de la información sanitaria depende del usuario, el cual deberá desarrollar una serie de habilidades y aprender a ser crítico, para poder evaluar los recursos web y discernir la información fiable de la que no lo es, según sus necesidades (Delamothe, 2000; Risk; Petersen, 2002; Nielsen, 2001; Ramos, 2004).
Internet va ganando protagonismo como fuente de información sanitaria. El usuario debería conocer si los recursos proceden de sitios web donde ha habido una evaluación o un filtrado. Mientras no se apliquen herramientas para evaluar la calidad de los recursos digitales de información, el usuario deberá determinar por sí mismo la credibilidad del recurso, lo que puede resultar una tarea imposible, ya sea debido a la carencia de conocimientos o al exceso de tiempo que debe invertir para ello (Olivan; Angós; Ullate, 2006).
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