Reconocimiento social de la psicología clínica
Esta mayor presencia de trastornos psicológicos en la segunda mitad del siglo XX tiene que ver con las formas de vida y ciertas características de la sociedad actual. Eso ha dado lugar, incluso, a trastornos nuevos, como los relativos a la alimentación.
25 de julio · 469 palabras
El artículo discute la consolidación y expansión de la terapia psicológica desde los años cincuenta.
La psicología clínica logró obtener reconocimiento social debido a la demanda y satisfacción por sus prestaciones en el campo clínico, tanto en la psiquiatría como en la psicología clínica.
Se identificaron varios sistemas psicoterapéuticos como la terapia de conducta, la terapia cognitiva, la terapia cognitivo-conductual y la terapia de pareja y de familia, así como psicoterapias clásicas.
Estos sistemas cuentan con modelos psicopatológicos de los trastornos que tratan y las pruebas psicodiagnósticas correspondientes.
La eficacia de la terapia psicológica se ha demostrado mediante investigaciones sistemáticas, pero la eficacia y eficiencia relativas entre diferentes terapias y entre tratamientos psicológicos y psicofarmacológicos siguen siendo objeto de investigación.
Aunque se ha demostrado que los tratamientos psicológicos tienen probada eficacia terapéutica y son el tratamiento de elección en numerosos trastornos, la investigación actual se centra en comparar su eficacia y eficiencia relativas.
La consolidación y expansión de la terapia psicológica se debe al desarrollo científico de la psicología, el interés por el aprendizaje de la conducta y el desarrollo de la personalidad, lo que ha llevado a la identificación de terapias eficaces para diferentes trastornos.
A partir de los años cincuenta, la psicología clínica consolida su estatuto tanto profesional como científico, amplía su horizonte y alcanza reconocimiento social según se aprecia en la demanda y satisfacción por sus prestaciones.
Así, han llegado a tener nombre propio en el campo clínico, tanto en la psiquiatría como en la psicología clínica, la terapia de conducta, la terapia cognitiva, la terapia cognitivo-conductual y la terapia de pareja y de familia, entre otras, aparte de las psicoterapias clásicas. Estos sistemas psicoterapéuticos cuentan con modelos psicopatológicos de los trastornos que tratan y, obviamente, con las pruebas psicodiagnósticas correspondientes. Una cuestión muy importante en esta época, posterior a los años cincuenta, es que se ha demostrado, mediante investigaciones sistemáticas, la eficacia de la terapia psicológica, un hecho que queda fuera de duda. El asunto pendiente, a este respecto (un asunto abierto a la indagación científica que no pone en duda la competencia profesional), es la mayor o menor eficacia de unas terapias en relación con las otras y la distinta eficiencia con que producen el resultado, una cuestión que alcanza igualmente al tratamiento psicofarmacológico.
En efecto, un asunto candente en la investigación actual sobre los tratamientos psicológicos y psicofarmacológicos es su estudio comparativo, cara a determinar la eficacia y la eficiencia relativas entre ellos, según los distintos trastornos, habida cuenta de que la eficacia y la eficiencia absolutas respecto del no tratamiento y del tratamiento placebo (como es preceptivo) están demostradas. Con todo, la cuestión que importa subrayar aquí es que los tratamientos psicológicos tienen probada eficacia terapéutica, siendo el tratamiento de elección en numerosos trastornos (Nathan y Gorman, 1998; Roth y Fonagy, 1996).
Esta consolidación y expansión de la terapia psicológica vino dada por dos condiciones. Por un lado, el desarrollo científico de la psicología, relativo al aprendizaje de la conducta, al desarrollo de la personalidad, al funcionamiento cognitivo, a la relación interpersonal, a la influencia social, a la organización de los grupos sociales (aparte de las disciplinas propiamente clínicas), ha permitido una mejor comprensión de los trastornos psicológicos y la elaboración de tratamientos coherentes con esta naturaleza psicológica. Por otro lado, la demanda social ha puesto de relieve una creciente presencia de trastornos psicológicos. Esta mayor presencia de trastornos psicológicos en la segunda mitad del siglo XX tiene que ver con las formas de vida y ciertas características de la sociedad actual que han dado lugar, incluso, a trastornos nuevos como, por ejemplo, los relativos a la alimentación (anorexia, bulimia) y al incremento de otros como, por ejemplo, la depresión, aparte del mejor entendimiento de los trastornos ya existentes.
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