Venezuela tras Chávez
¿Es el chavismo anti‑sistema? Este artículo de opinión está dedicado a promover una visión más crítica del periodo de gobierno chavista y, sobre todo, de la idea de la Revolución Bolivariana como alternativa al sistema económico actual, en vez de considerarla una etapa lógica dentro de la dinámica capitalista.
15 de abril · 1205 palabras
El artículo informa que Nicolás Maduro ganó las elecciones en Venezuela en un clima de euforia por los logros de la "revolución bolivariana" y los 14 años de gobierno del PSUV.
Durante este tiempo, se redujo la pobreza extrema en un 58%, se eliminó la desnutrición y se multiplicó el gasto educativo, convirtiendo a Venezuela en el tercer país del mundo con más universitarios.
También se dio acceso al 98% de la población al agua potable, aumentó en un 169,6% el gasto en sanidad y el programa de creación y distribución de viviendas es la envidia de cualquier persona de izquierdas en el mundo.
Sin embargo, el autor del artículo cuestiona si estas reformas realmente combaten al sistema o más bien lo refuerzan.
Se mencionan datos como la baja deuda económica de Venezuela, las altas reservas petroleras y el crecimiento económico anual del 4,3%, lo que la convierte en una de las potencias emergentes de América Latina.
El autor concluye que, siguiendo la evolución de la historia, la "revolución bolivariana" no durará para siempre y que su caída podría ser por las causas más comunes de decadencia política: corrupción, escándalos y pérdida de energía en el proceso reformador.
Nicolás Maduro acaba de ganar las elecciones en un clima de euforia por las bondades de la "Revolución Bolivariana" o los catorce años de gobierno de Chávez y del PSUV, en los que se redujo la pobreza extrema en un 58%, se eliminó la desnutrición, se multiplicó el gasto educativo, Venezuela se convirtió en el tercer país del mundo con más universitarios, se dio acceso al 98% de la población al agua potable, aumentó en un 169,6% el gasto en sanidad y el programa de creación y distribución de viviendas es la envidia de cualquier persona de izquierdas del mundo.
De repente, "Venezuela aparece en el mapa", dicen los venezolanos. "Recuperamos nuestra dignidad". Es increíble, sin duda. Y comparto todo su júbilo....
¿Todo?......no.
Para muchos esta es la tan preciada revolución socialista que estábamos esperando, y no sé por qué, pero no puedo dejar de pensar que muchas de las reformas que se encaminan a mejorar las estadísticas y los datos económico-sociales venezolanos no combaten realmente al sistema, más bien al contrario. Hay un montón de datos que me ponen los pelos de punta, como que la economía venezolana tiene una deuda muy baja y la mayor reserva petrolera del mundo, la economía creció un 47,4% y sigue creciendo un 4,3% anualmente, que ya es una de las potencias económicas emergentes más en alza en América Latina y, especialmente, que se ubica en el sexto lugar entre los países en vías de desarrollo que más gastan en armamento. Todos estos datos más bien serían la envidia de la recientemente putrefacta Margaret Thatcher...
Siguiendo las vías de evolución que la Historia nos proporciona, no puedo evitar pensar que la "Revolución Bolivariana" no durará para siempre. Nada dura para siempre, eso ya lo sabemos. No sé cómo llegará la caída (que parece ya no tan lejos a la vista de la pequeña diferencia en los resultados de los comicios de hoy 15 de abril entre Maduro y Capriles), pero imagino que será por los canales tradicionales de decadencia que atenazan a un partido político cuando se enquista en el gobierno, como corrupción descarada, escándalos, pérdida de energía en el proceso reformador, aburrimiento del pueblo ante una política repetitiva, o simple "cambio de mentalidad de la población venezolana".
Y con esta última me refiero a la idea que es la clave de lo que pretendo transmitir. Tengo el temor de que la "Revolución Bolivariana" triunfará en convertir a Venezuela en un Estado de bienestar ejemplar al modo nórdico, pero que no irá más allá. Tengo el temor de que los venezolanos, una vez pasados de pobres a clase media, empiecen a notar en su nuca esa sensación de egoísmo e instinto de protección de la propiedad y de lo conquistado tan bien conocida en la burguesía, y entonces comiencen a su vez a dejar esos discursos tan radicales aparcados, para abrazar al primer idiota de gorro azul que les prometa créditos basura de alto riesgo al 4% TAE con los que podrán comprarse el coche deportivo de última gama, una historia que bien conocemos los europeos. Y de repente, una mañana, se encontrarán votando a Capriles porque "favorece a emprendedores". Lejos quedará el recuerdo de los oligarcas que esclavizaban Venezuela en los tiempos pre‑Chávez. Ahora, ellos mismos serán la clase media, esa clase siempre acomodada adoradora del becerro de oro, negando su origen proletario y queriendo a toda costa ser burguesía.
Y la Venezuela actual es el terreno perfecto para un partido de derechas. Un país rico y con una economía que solo tiene visos de mejorar, con una clase media que conquistar y un terreno abonado para comenzar a privatizar de nuevo y, sobre todo, para utilizar esos instrumentos que el chavismo les dejó para convertir a Venezuela en una potencia hegemónica en el continente sudamericano y en el mundo. El dinero está circulando en Venezuela más que nunca, porque ahora todo el mundo lo tiene, y ya se sabe que a río revuelto...
Con este proceso que no es nuevo, y podemos equipararlo claramente con lo que ya pasó en menor medida en España con Felipe González y sus cuatro legislaturas de gobierno que supusieron el establecimiento del Estado de bienestar o en el aún más cercano y ejemplar Brasil, donde aquel pequeño sindicalista radical llamado Lula empezaría con mítines radicales y anticapitalistas en el Partido de los Trabajadores y acabaría por entronarse presidente de un país que opta por ser una de las tres potencias mundiales en el siglo XXI y que no está dudando en vender el Amazonas, pulmón de la Tierra, al mejor postor. Se mire como se mire, todos los experimentos de índole "socialista" que quieren abrirse camino en el mundo capitalista acaban por virar dramáticamente a la derecha y acomodarse en el panorama internacional. Curiosamente, China está encantada y ávida de explorar estos nuevos países emergentes que, queriendo negar el poder hegemónico al "Imperio cabrón" (EE. UU.), acaban simplemente por cambiar una superpotencia por otra y se alinean con ellos, no menos cabrones.
De este modo, la afamada marca de la "Revolución Bolivariana" no acabaría siendo más que el triunfo, con un discurso más radical obviamente, de la socialdemocracia, camino erróneo en la lucha por acabar con el capitalismo. Esta terminaría entonces por convertir a Venezuela en un país que, según los datos macroeconómicos que tanto gustan a los neoliberales, es rico. Y económicamente funcional y exitoso, dentro del capitalismo claro, incluso si es un capitalismo "amable".
Por supuesto que con esto no estoy negando los avances en materia social logrados por el PSUV, como tampoco se niegan los avances sociales de Felipe González ni los de Lula. Son muy necesarios en un país en el que las desigualdades y la falta de un tejido público impiden el bienestar y la simple supervivencia de gran parte de la población, y sobre todo ponen un poco de parte de los pobres en la balanza de clases. Y por supuesto que soy consciente de que a un mendigo desnutrido venezolano, que ahora tiene casa y comida gratis por parte de uno de los miles de planes de ayudas sociales que reparten comida gratis a 5 millones de personas, le da igual si es dentro del sistema capitalista o no. Por supuesto que soy plenamente consciente de esto y no quiero que esta opinión sea malinterpretada.
Más bien, esta opinión va dedicada a promover una visión más crítica del periodo de gobierno chavista y, sobre todo, de la idea de la Revolución Bolivariana como una alternativa al sistema económico actual, en vez de ser una etapa histórica lógica en la dinámica capitalista que en Europa se dio tras la II Guerra Mundial con el keynesianismo. Y por supuesto, como pregunta a esos europeos que, teniendo grandes armas y herramientas intelectuales en sus manos como tengo yo, profanan gritos de júbilo por el chavismo en un discurso totalmente antisistema y anticapitalista. A todos esos me gustaría preguntarles... ¿De verdad no lo veis? ¡Carajo, ojalá me equivoque...
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