Suenan las campanas por la economía venezolana

La quiebra de varios bancos en Venezuela ha generado al gobierno un serio problema de estabilidad, pues su gestión se sostiene en gran medida en la popularidad del presidente, la cual ha comenzado a descender vertiginosamente. Esto provoca temor por posibles efectos negativos en las próximas elecciones.

Juan Albelaez
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17 de diciembre · 486 palabras

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Suenan las campanas por la economía venezolana - Actualidad

Este artículo trata sobre la situación económica de Venezuela a pesar de tener una de las mayores reservas petroleras y de gas del mundo. A pesar de su riqueza, Venezuela es considerada como un país moroso, peligroso y difícil de invertir en él.

El gobierno venezolano no ha logrado atraer inversiones y ha sido calificado como peligroso internacionalmente. El artículo también menciona que aunque Venezuela es una nación democrática, cada vez menos personas quieren vivir allí.

A pesar de tener petróleo, muchos países no desean comprarle su producto.

El gobierno venezolano ha entrado en una serie de debilidades que han profundizado la situación, como los funcionarios de mayor jerarquía y confianza que han depositado los recursos del país en bancos selectos, los cuales compraron y se asignaron préstamos millonarios para luego fugarse del país.

El gobierno ha dejado de tener recursos y se encuentra con las manos atadas debido a que los corruptos son allegados cercanos al gobierno, incluso familiares cercanos al Presidente de la República.

Ante esta situación, muchos países han rechazado a Venezuela, incluso integrantes del Mercosur se han reunido para evaluar la situación del país, mientras que otros países como Paraguay no quieren aceptar a Venezuela. La situación económica de Venezuela se ha vuelto peligrosa y marginal.

Venezuela es el país con la mayor reserva petrolera del mundo y también con una de las mayores reservas de gas.

Tenemos todos los recursos naturales para proyectarnos como una de las naciones más ricas del mundo; pero, como ironía de la vida, los organismos internacionales especializados nos catalogan como un país de economía peligrosa, morosa y picardiosa.

Nadie con cuatro dedos de frente se arriesga a invertir en Venezuela porque la consideran de alta peligrosidad en lo que a inversión se refiere.

Somos un país rico, pero nadie quiere invertir en él; somos un país democrático, pero nadie quiere vivir aquí.

Tenemos mucho petróleo, pero la mayoría de las naciones le dan la espalda a Venezuela y evitan comprarle su producto.

A pesar de nuestra riqueza, nos estamos convirtiendo en un país pobre y mendigo, cuyas relaciones nadie quiere.

Es el caso del MERCOSUR, donde las naciones hermanas se han reunido miles de veces para estudiar el caso de Venezuela.

Las que han aceptado lo han hecho a cambio de algunas prebendas o condiciones, mientras que países como Paraguay no aceptan a Venezuela y argumentan la tendencia del líder venezolano a meterse en los asuntos internos de otros estados.

Tomando en cuenta esta serie de debilidades del gobierno venezolano, se completa su cuadro de peligro y marginalidad cuando funcionarios de mayor jerarquía y de confianza comenzaron a depositar los grandes recursos del país en varios bancos seleccionados; con esos mismos recursos compraron los bancos y luego se autoasignaron préstamos personales supermillonarios, y con ese dinero se fugaron a otros países, quedando el gobierno sin recursos y sin bancos.

El gobierno venezolano quedó con las manos atadas por una serie de razones: los desfalcadores o corruptos son allegados muy cercanos al gobierno, incluyendo familiares cercanos al propio presidente; por lo cual el gobierno no puede actuar directamente ni solicitar encarcelamientos para todos los implicados.

El presidente de la República conocía en parte la situación y dejó que esta creciera. La empresa principal productora del país también estaba imbuida en ese complot; por ello también quedó desbancada.

Tomando en cuenta esta contingencia, el gobierno está impotente e incapaz de enfrentar los compromisos adquiridos, entre ellos con los trabajadores del propio gobierno, así como con los países que, de una u otra manera, tienen compromisos de pago con Venezuela.

Toda esta serie de inconveniencias le ha causado al líder del proceso, es decir al presidente Chávez, una serie de consecuencias, entre ellas el bajón sideral y monumental de su popularidad, hasta el punto de que los mismos seguidores del presidente están muy preocupados porque el pueblo que siempre votó por Chávez contundentemente está expresando su rechazo por su manera exótica de gobernar.

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