Ese juez implacable que se llama mente
Hoy continuaré charlando contigo acerca del ritmo de la mente. Debes saber que la existencia de la mente, su plato preferido, su manutención tienen que ver con una de sus cualidades fundamentales: la de ser juez.
1 de febrero · 699 palabras
En este artículo, el autor explora la importancia del ritmo de la mente y cómo ésta, a través de su cualidad fundamental de juzgar, valorar, conceptualizar y etiquetar, puede limitar nuestra percepción y apreciación de la vida.
A menudo, nuestras interpretaciones de lo que es "bueno o malo" están influenciadas por nuestras propias experiencias y perspectivas personales, lo que puede llevar a un sufrimiento innecesario.
El autor argumenta que etiquetar a las personas o a eventos como buenos o malos no solo es limitante, sino que también puede ser perjudicial para nuestra salud mental y física.
Para combatir este ritmo implacable de la mente, debemos entrenarla para que deje de ser una herramienta que juzga y etiqueta, y en su lugar, podemos aprender a aceptar y apreciar la vida tal como es, sin la necesidad de darle una etiqueta positiva o negativa.
En resumen, disciplinar el ritmo de la mente puede tener beneficios profundos para nuestra salud y felicidad.
Ese juez implacable que se llama mente
Autor: MsC Rafael Bestard Bizet
Psicoterapeuta y profesor de Psicología.
Hoy continuaré charlando contigo acerca del ritmo de la mente porque debes saber que la existencia de la mente, su plato preferido, su manutención tiene que ver con una de sus cualidades fundamentales: la de ser juez.
Imagínate que está lloviendo. Para la persona a la que esa lluvia le impidió ir a una reunión importante o a una cita amorosa: esa lluvia, ¿es buena o mala? Es mala, ¿verdad? Pero para el campesino que la está esperando para sembrar, esa misma lluvia, ¿es buena o es mala? Es buena, ¿verdad?
Entonces, la lluvia, ¿es buena o es mala?
Responder a esta pregunta se hace difícil si no entiendes que uno de los ritmos fundamentales de la mente humana, uno de sus atributos fundamentales, es estar continuamente juzgando, valorando, conceptualizando y etiquetando a las cosas y a las personas, y esto no nos permite apreciar la vida tal y cual es.
Y aunque la mente es una maravillosa herramienta que nos permite socializarnos y resolver muchos de los problemas sociales a los que diariamente nos enfrentamos, también, y gracias a esta propiedad de estar juzgando y etiquetando la vida, es la causante de muchos de nuestros sufrimientos.
Piensa: tú eres una persona, ¿buena o mala? Desde luego que todos queremos etiquetarnos como buenos y por eso la parte mala, la que constituye el otro complemento de nuestras vidas, la que no podemos desterrar de nuestra existencia, no la aceptamos; la tratamos de esconder, de guardar muy dentro de nosotros o de ponérsela de vestido a otras personas.
Al hacer esto nos vamos aniquilando por dentro, nos vamos dividiendo y aparecen muchas enfermedades, como la hipertensión, las úlceras, las diabetes y los dolores musculares, por mencionar algunas de las dolencias más comunes.
Es como si tuvieras una herida y, para que sanara, la tapas y no la expones al sol, al viento y al aire libre. Esa herida nunca sanará.
Para disciplinar ese ritmo de la mente debemos entrenarla para que deje de ser juez de uno mismo y de los demás y se convierta en un espejo.
Cuando pones algo frente a un espejo, éste simplemente refleja lo que está delante. No juzga si lo que está frente a él es bueno o malo, si es feo o bonito, si es agradable o desagradable. El espejo no tiene nada que decir. Como su naturaleza es reflejar, él disfruta solo de eso, de reflejar.
Cuando tienes una mente entrenada como un espejo es cuando puedes quitarte el estrés, la tensión de estar dividiéndote constantemente y dividiendo a la vida. Entonces te envuelve una apacibilidad y un sentimiento de bienestar, de aceptar toda la diversidad que te rodea.
Nunca vas a ver a una mata de limón disgustada con una de mango porque ella, en vez de limones, quiere dar mangos o porque quiere que la de mango dé limones. El limón es ácido al gusto y el mango es dulzón. Pero cada uno tiene su encanto. Entonces, ¿por qué juzgar y querer que la gente se amolde a nuestro esquema o patrón?
Hoy te voy a brindar un ejercicio que te servirá para ir entrenando a la mente para que sea un espejo y no un juez. Cierra los ojos e imagínate que vas caminando por un túnel que se extiende hasta lo infinito. Las paredes de ese túnel están hechas de pensamientos. Tú caminas hacia lo infinito por ese túnel pero no tocas sus paredes. Siente la paz que obtienes con esto. Quédate así, y cuando abras los ojos, sin importar lo que veas, obsérvalo como si estuvieras caminando por ese túnel por el cual viajas pero no tocas, no te relacionas con los pensamientos.
Verás que con la práctica constante de este ejercicio tu mente se irá aquietando y podrás disfrutar más enteramente del momento que estás viviendo. La vida no se te irá en juicios y críticas y podrás existir plenamente.
Que la pases bien y que la paz sea contigo
Sobre el autor
Trabajo en el Centro para la Rehabilitación e Investigación de las Ataxias Hereditarias de la provincia de Holguín, en Cuba. Realizo las funciones de Especialista en Medios de...
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