Derecho humano a la libertad de expresión

La libertad de expresión constituye la base del desarrollo de los pueblos democráticos hacia la construcción de Estados de Derecho. ¿Por qué la izquierda política teme la crítica? ¿Por qué los gobiernos liberales atacan los medios de comunicación social?

Jaime Noé Villalta Umaña
Jaime Noé Villalta Umaña

26 de diciembre · 1488 palabras

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Derecho humano a la libertad de expresión - Política

En este artículo se hace énfasis en la importancia de la libertad en el pensamiento y la expresión. Se cita a un célebre filósofo y jurista llamado Recasens Siches, quien afirma que nadie debería ser perseguido o sancionado por tener ciertas ideas o creencias.

Todos los seres humanos nacen libres para pensar y razonar, y deben comportarse de manera digna y respetando los derechos inherentes a su condición humana.

La Constitución de El Salvador reconoce la libertad como un derecho humano desde la concepción y ratifica la libertad de pensamiento, de conciencia, de religión, de opinión, de expresión y de información, que también son contemplados en la Declaración Universal de Derechos Humanos en su artículo 3.

La libre expresión consiste en la difusión independiente de los pensamientos, ya sea de manera oral o escrita, sin cortapisas. Es importante reconocer y salvaguardar estos derechos para garantizar una sociedad justa y democrática.

Un connotado filósofo y jurista, Recasens Siches, expresó lo siguiente: «Nadie puede ser perseguido, sancionado, dañado ni molestado por el hecho de que se piense esto o aquello, de que se piense de una u otra manera, de que tenga unas u otras creencias, de que profese determinada opinión». Termina diciendo: «No hay poder humano capaz de impedir el pensamiento de una persona».

Todos los seres humanos, sin diferencia de sexo, raza, credo, religión, edad o nacionalidad, nacen libres, privilegiados del pensamiento, de la razón y de la conciencia. Dotados, pues, del conocimiento para comportarse de manera digna ante los demás. Ello implica, por sobre todas las cosas, evitar irrespetar los derechos que por la condición humana les son inherentes, aún antes de su nacimiento; tal y como lo establece la Constitución de la República de El Salvador de 1983, en su Art. 1 inc. 2°, de acuerdo con la reforma constitucional por Decreto Legislativo N° 541 del 3 de febrero de 1999, con las siguientes palabras: «...se reconoce como persona humana a todo ser humano desde el instante de su concepción».

La libertad es un derecho humano reconocido como tal en el instrumento jurídico de carácter internacional más importante del siglo XX, la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esta, en su Art. 3, establece: «Todas las personas tenemos derecho... a vivir en libertad, libertad de expresión...». Lo anterior se ratifica en los Arts. 18 y 19 del mismo ordenamiento jurídico, que a la letra dicen: «Derecho contemplado a la libertad de pensamiento, a la libertad de conciencia y al libre ejercicio de la religión»; «a la libertad de opinión, a la libertad de expresión y a la libertad de información». Con respecto a este derecho, la Constitución citada anteriormente, en su Art. 6 inciso 1°, dispone: «Toda persona puede expresar y difundir libremente sus pensamientos...». La libre expresión consiste en la difusión independiente de los pensamientos, sea de manera oral o escrita, sin que se le pongan cortapisas que la coarten, evitando la censura, siempre y cuando, obviamente, no subviertan el orden público, ni lesionen la moral, el honor y la vida privada de las personas o induzcan a la rebelión. Esto tiene sentido, pues si se permitiera una libertad de expresión sin límites de carácter legal, se pondría en peligro la convivencia pacífica y armónica en la sociedad.

La libertad de expresión está íntimamente ligada con la libertad de información o libertad de prensa, derecho que tienen los medios de comunicación social para difundirla. Segundo V. Linares Quintana dice: «La libertad de prensa significa el derecho del público a tener acceso a los hechos, a estar plenamente informado de las decisiones tomadas en su nombre, a expresar su desaprobación cuando las circunstancias lo exigen, a protestar contra la injusticia y que ninguna institución, incluyendo el gobierno, podría ser más sensible a la opinión pública que la prensa». Por supuesto, debemos tener claro que los gobiernos de izquierda (liberales) son enemigos de la libertad de expresión. Los gobernantes liberales temen la crítica; es más, reaccionan bruscamente cuando se les señalan sus errores. Un ejemplo que hará historia es el caso del Sr. Mauricio Funes: la oposición política criticó el presupuesto de la nación para el año 2011; la respuesta inmediata del presidente fue «el burro hablando de orejas». Sin darse cuenta, aceptó que estaba cometiendo los mismos errores del gobierno anterior.

El derecho en comento no puede estar supeditado o sujeto a limitaciones de carácter jurídico, tal y como lo establece la Declaración de Virginia (1776) en su sección sobre la «libertad de prensa», expresando: «la libertad de prensa es uno de los grandes baluartes de la libertad y no puede ser restringida jamás, a no ser por gobiernos despóticos». Todos los argumentos planteados hasta este momento permiten tener una idea clara de la importancia de la expresión libre; pues, como tal, constituye parte importante en el constante proceso de evolución humana hacia otros estadios de conciencia.

La ausencia de la libre expresión estancaría la civilización, pues el medio que permite ir corrigiendo los desaciertos es la opinión conjunta expresada por los elementos que conforman la sociedad. Sólo mentes retrógradas serían capaces de coartarla. La sociedad salvadoreña ha sido testigo de cómo los políticos y las masas, por ellos adormecidas, han entorpecido en muchas ocasiones el trabajo de la prensa radial, escrita y televisada: agresiones físicas, verbales, destrucción de propiedad; en fin. Lo peor, los agitadores farabundistas han sembrado odio contra los medios de comunicación social. El pueblo salvadoreño no puede permitir semejantes arbitrariedades y debe denunciar constantemente el atropello del que son víctimas los profesionales de los medios de comunicación social. Si bien es cierto, los políticos justifican su accionar delictivo contra ellos diciendo que «los medios de comunicación social son clasistas y que responden a intereses de la clase que detenta el poder económico». Jamás se encontrará un motivo que justifique la destrucción de la propiedad privada, ni mucho menos los atentados contra la integridad física y la vida de las personas humanas.

Si lo expuesto en el apartado precedente es cierto, también lo es que, en muchas ocasiones, la clase trabajadora ha sido víctima de los atentados terroristas de los cuerpos de seguridad. La historia de los pueblos ha estado llena de derramamiento de sangre inocente y las conquistas de la clase trabajadora han sido escritas con sangre. No alcanzaría un breve ensayo literario para exponer los distintos casos en que los trabajadores han sido masacrados por expresar libremente sus pensamientos en defensa de sus intereses y de sus plataformas reivindicativas; sirva como ejemplo de lo indicado lo que sucedió en el año de 1884 en los Estados Unidos: la organización llamada «Federación de los Trabajadores» hizo un llamamiento para que el 1 de mayo de 1886 se realizara una huelga general en la que se exigía una jornada de sólo ocho horas de trabajo al día. Lo anterior hizo que patronos y obreros entraran en conflicto. Ello llevó a que la fábrica Mc Cormicks despidiera a 2000 obreros. El día 3 de mayo de 1886 hubo una manifestación cerca de la fábrica y la gente empezó a tirarle piedras; entonces llegó la policía y disparó contra los obreros, entre los que había niños, mujeres y ancianos. El terror se apoderó de la gente y huyeron, dejando atrás muertos y heridos. Tiempo después, el gobierno de Estados Unidos acordó la jornada legal de trabajo de ocho horas diarias.

Las consideraciones expuestas constituyen nada más ejemplos de cómo el gobierno y los ideólogos políticos amenazan la libertad de expresión de los pueblos. Sin embargo, la libre expresión es coartada también en la familia, en la escuela y en los centros de educación superior, sobre todo en la universidad nacional, donde la dogmatización a la que se somete a los estudiantes no tiene comparación; se prohíbe hablar o, peor, refutar, porque los dueños de la verdad son los catedráticos de izquierda; quien los contradiga jamás se graduará.

Nada resultaría más absurdo que encontrar en las sociedades modernas defensores que contradigan la tesis de la expresión libre del pensamiento, pues no existen justificaciones razonables. Sólo mentes trogloditas pueden socavar los cimientos de la sociedad con semejantes lucubraciones. La libre expresión ha ido permitiendo, a través de la historia, construir una mejor sociedad en paz, justicia y libertad. No hay otra forma para generar los cambios en un conglomerado social, pues mediante ésta se señalan los aspectos que es necesario ir modificando. La transformación se da, pues, cuando todos los miembros de la sociedad de que se trate están en la capacidad de difundir su sentir y pensar acerca de los hechos que se dan en la realidad. La izquierda (liberales) criticó durante 20 años el gobierno de la conservadora Alianza Republicana Nacionalista, ARENA; pero ahora que están en el poder no quieren tener oposición. Son buenos para criticar, pero no les gusta ser criticados; ante los medios de comunicación dicen que están dispuestos a escuchar sugerencias y propuestas en beneficio del país, pero en la práctica es todo lo contrario. Son de la idea de que son los únicos poseedores de la verdad. El mundo sólo puede ser visto desde su óptica, cuando la lucha de contrarios (no antagonismo) forma parte de toda sociedad democrática.

Por tanto, no podemos ni debemos guardar silencio; cada niño, joven o adulto, sea hombre o mujer, sin importar su condición social, su nivel de preparación académica o cargo público que ostente, debe contribuir con la expresión libre del pensamiento, por supuesto, sin infundir odio, discriminación de ningún tipo ni instar a la rebelión, respetando siempre la dignidad, el honor y la vida privada de las personas, tal como lo establece la normativa jurídica.

Por Lic. Jaime Noé Villalta Umaña

Prof. y Abg.

Jaime Noé Villalta Umaña

Sobre el autor

Jaime Noé Villalta Umaña

Dios, familia y trabajo. Vivir con responsabilidad y honradez es mi lema. Me gradué como Profesor y posteriormente como Licenciado en Ciencias Jurídicas, autorizándome como...

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