Criminalística: el caso de 'Loco Robert'
En este artículo usted podrá conocer un caso real de un delincuente avezado, cruel y extremadamente violento, y comprender cuál podría ser la causa de su predisposición a la violencia. También se presentan datos y un resumen de estudios que relacionan factores orgánicos, como la alimentación y la serotonina, con conductas agresivas en adolescentes.
11 de noviembre · 1973 palabras
El artículo describe una situación vivida por el autor en su juventud en La Victoria, Lima, Perú. El protagonista, apodado "Loco Robert", era conocido por su comportamiento violento y era de una familia muy pobre.
Un día, el grupo de amigos del autor presenció cómo la policía buscaba a la madre de Robert con urgencia porque había cogoteado a una mujer policía en la Plaza Manco Cápac y le estaba por cortar la yugular.
El grupo se dirigió a la plaza para ver lo que ocurría y vieron a Robert cometiendo la agresión. La policía abrió camino a través de la multitud y finalmente, la madre de Robert logró interceder por la vida de la mujer policía, quien había sido abrazada con un cuchillo en la yugular.
El artículo destaca la situación de pobreza y violencia que se vivía en el barrio en esa época y cómo la familia de Robert intentó salvar la vida de la víctima. Es una historia impactante y emotiva que muestra la complejidad de las situaciones de violencia y los intentos por detenerlas.
En el distrito de La Victoria, conocí en la década de los setenta, más o menos en 1972, a un chico de 17 años que casi todos los días vivía en medio de peleas y grescas.
Era de familia muy pobre, vivía en un cuarto de dos piezas con su madre, hermana y dos hermanitos menores. Su padre era sastre, una persona muy alegre, bonachona.
Su madre era una mujer buena, amable y muy trabajadora.
Este joven delgado, de apariencia intimidatoria, era mi amigo.
Un día estábamos en el barrio sentados, en el Jr. Luna Pizarro, con Sebastián Barranca, y llegó un patrullero, del que bajaron dos policías corriendo y nos preguntaron:
¿Dónde vive el “Loco Robert”?
No queríamos contestar. Uno de los policías dijo:
“No estamos buscándolo, necesitamos a su madre, urgente”.
Llamamos a la mamá del Loco Robert y la señora bajó las escaleras rápido, acompañada de su esposo.
Los policías dijeron:
“Sra., por favor, vamos rápido; su hijo tiene a una mujer policía cogoteada en la Plaza Manco Cápac y le va a cortar la yugular con un cuchillo filudo”.
Los padres del Loco Robert subieron al patrullero y se fueron con los policías. Nosotros corrimos hasta la plaza para ver lo que ocurría.
Una gran cantidad de gente rodeaba a dos personas. La gente gritaba: “No seas malo, no la mates…”.
“Suelta a la señorita, desgraciado”.
“Maldito, deberían matarte”.
El Loco Robert estaba allí, protagonizando una escena de espanto. Tenía a la mujer policía cogoteada, con un filudo cuchillo puesto en la yugular. La mujer policía, con una expresión de pánico en el rostro, no podía soltarse del abrazo de la muerte.
Los ojos de la fémina arrojaban lágrimas.
Los policías se abrieron camino entre la gente y dejaron que la madre de Loco Robert intercediera por la vida de la mujer policía.
“Robert… Robert, deja a la señorita, suéltala…”, le gritó su progenitora.
El peligroso delincuente contestó:
“¿Para qué se mete conmigo, esa perra? Me ha querido detener por fumar un pito”.
La señora se acercó y le tomó la mano con cariño al maleante y le suplicó: “Suéltala, no la mates, no seas cobarde, es una mujer como yo, déjala ya”.
Robert contestó:
“Le dije que no se meta conmigo y me sacó su arma, me quiso disparar, mamá”.
En el forcejeo, el maleante logró desarmar rápidamente a la mujer policía y su arma de reglamento cayó al piso, siendo robada por otros dos mozos que acompañaban a Loco Robert, cuando la mujer policía los intervino por fumar pasta básica de cocaína en la plaza.
Esos mozos eran “Tata” y “Anchante”, dos maleantes peligrosísimos de la época, de diecinueve y diecisiete años.
Loco Robert miró a su madre y le dijo:
“Mira, mamá, si esta perra se vuelve a meter conmigo, la mato, sin más”.
“La señorita no se va a meter más contigo. Suéltala ya”, dijo la mamá del delincuente.
Loco Robert la soltó, empujándola al piso donde cayó la mujer policía.
Los otros policías se arrojaron sobre el delincuente, al que esposaron; subieron al patrullero y se lo llevaron detenido. Como estaba requisitoriado, Loco Robert terminó en la cárcel de Cachiche, en Ica.
Loco Robert tenía como hobby cortarse él mismo los brazos con vidrios rotos. Se cortaba las venas, los brazos, por diversión, porque le gustaba ver sangre.
En ambos brazos tenía cortes en cantidad.
Se peleaba con cuchillo casi todos los días; tenía varios cortes en el vientre.
Varios maleantes mayores habían sido cortados en la cara y en el abdomen por atreverse a enfrentarse o reclamarle algo al Loco Robert.
Loco Robert no tenía miedo a nada ni a nadie; era muy violento, cortaba a la gente porque sí, por puro gusto.
Masacraba a jóvenes de distintos barrios, que le temían, y cada que lo veían venir corrían a esconderse en los techos.
Robaba casi todos los días; era muy hábil.
Cuando era detenido, la policía le pegaba, le daban unas palizas terribles, pero él soportaba sin derramar una lágrima.
Un año, cuando ya era adulto, buscó durante meses a un policía; cuando lo halló, lo persiguió por semanas y, hasta que una noche, cuando este bebía licor en un hotel con una meretriz, entró a la habitación rompiendo la puerta y lo mató.
Loco Robert, en toda su trayectoria, había matado seis personas: tres delincuentes, dos mujeres y un policía.
Las muertes de los delincuentes fueron en enfrentamientos a cuchillo limpio.
A las dos mujeres las mató y desapareció.
Nunca nadie las volvió a ver. Simplemente desaparecieron para siempre.
Robert bebía abundante licor: cerveza, ron, pisco; consumía droga todos los días y casi no se alimentaba.
Era muy violento, demasiado, se diría. Era frío, calculador, muy hábil con el cuchillo; no tenía sentimientos, mataba y cortaba a la gente con enorme placer.
Cuando caía, pagaba para que no lo manden a la cárcel de Lurigancho, porque si llegaba allí lo mataban.
Disfrutaba la cárcel y los enfrentamientos con cuchillo.
Al Loco Robert le gustaba el café y las tostadas con mantequilla. Le gustaban los carbohidratos: yuca, papa, camote.
Casi no ingería carne de res ni pescado, porque decía:
“El pescado deja apestando la boca, las espinas te atoran; prefiero comer un puré de papa con su ají, su ensalada de cebolla picada con rocoto y listo”.
“La carne es muy cara, es para gente gaga; yo soy tacu tacu con arroz y su huevo frito”. Aunque de la yema le daba asco, solo comía la clara.
Una de las mujeres que mató lo hizo porque ella lo menospreció por feo y por maleante.
La vio en una calle, en Lince.
Se sintió prendado de ella desde el primer momento; la enamoró, pero ella ni lo miró.
Todos los días iba a la misma hora para verla llegar a su casa; la enamoraba, pero la mujer no le hacía caso.
Un día la abordó y le ofreció un regalo, una sortija de oro robada, pero la mujer lo rechazó diciéndole:
“¿Qué tienes, piojoso? ¿No te has visto en un espejo? No me jodas más, me das asco, eres repugnante…”.
Un gran odio comenzó a nacer en su corazón. Se sentía humillado, menospreciado, muy dolido. Loco Robert, por primera vez en su vida, lloró.
“Sacaba su chaveta y la afilaba contra el piso…”
Decía: “Esta perra me desprecia porque soy feo, me mira como a una rata de buzón…”.
Robert comenzó entonces a planear su venganza contra ella.
Decidió secuestrarla con ayuda de Tata y Anchante.
Hicieron el trabajo de modo sincronizado; nadie notó cuando la cargaron a la fuerza en un auto, apuntándola con una pistola en la cabeza.
La mujer suplicó por su vida, pero no sirvió de nada.
La golpearon hasta matarla, la desfiguraron a chavetazos; Robert la ahorcó con un cable.
Para que nadie la pueda encontrar y no dejar rastros de su cadáver, la arrojaron a una poza de un local abandonado en El Agustino. En esa poza, que antes sirvió para parchado de llantas de vehículos, llena de agua, arrojaron el cadáver; antes echaron una saca de detergente industrial en polvo.
El delincuente parecía más loco de lo que ya estaba.
“¿Para qué es el detergente, loco?”, le preguntó Anchante.
Loco Robert contestó: “Para darle un último baño de despedida y vaya al cielo bien limpiecita”. El cadáver de la mujer fue arrojado en la poza totalmente desnudo, sumergiéndose en la espuma del detergente con agua que llenaba totalmente la poza.
Le pusieron una gran tapa de metal y encima latas de combustibles vacías, como si quisieran disfrazar la poza.
Esta práctica la emplean los criminales avezados, bien informados de cómo se puede desaparecer un cadáver.
El detergente en polvo destruye los tejidos blandos del cuerpo. Separa proteínas y grasas. Disuelve el cuerpo.
Seis meses después, de la mujer solo quedaban algunos huesos, limpios de carne, que recogieron y arrojaron por distintas partes: alcantarillas, servicios higiénicos, canales de regadío; a perros vagos para que se alimenten.
No quedó rastro de la mujer. Es más fácil deshacerse de un esqueleto que de un cuerpo de una persona muerta.
Un esqueleto no pesa tanto.
La pregunta que siempre nos hacemos, cuando conocemos casos como este de personas psicópatas y extremadamente violentas, es:
¿Por qué son así? ¿Qué es lo que lleva a seres humanos a ser tan crueles y violentos, que parecieran no tener alma?
¿Por qué hay personas violentas y crueles que se infligen a sí mismos cortes en los brazos, retan y desafían a la policía como si quisieran recibir balazos de parte de la autoridad?
¿Por qué tenemos tantos crímenes protagonizados por jóvenes y adolescentes en las zonas empobrecidas de Lima, que son nidos de pandilleros?
Richard Wurtman ha encontrado que dietas altas en carbohidratos y bajas en proteínas afectan los niveles normales de serotonina, neurotransmisor natural que cuando está en niveles alterados tiene efectos cerebrales asociados con tendencias suicidas, agresión y violencia, alcoholismo y conducta impulsiva. Las funciones normales de la serotonina son la regulación de la excitación, los estados de ánimo, la actividad sexual, la agresión y el control de los impulsos. Algunos estudios asocian niveles bajos de serotonina con conducta violentamente aberrante.
En los distritos más pobres de las ciudades de Latinoamérica, donde abundan las pandillas juveniles, las familias son muy pobres y casi no ingieren proteínas en su dieta, debido a que la carne de res y el pescado son muy caros; no consumen leche en el desayuno, solo café o té acompañados de panes con mantequilla, nada de queso ni jamón; mayormente se alimentan con papas, camote y cereales, que es lo que más está al alcance de sus bolsillos.
En Lima, en los distritos pobres del cono sur y norte, ocurren frecuentemente hechos de violencia: violaciones, asesinatos y agresiones con cuchillo; la población vive en medio de grescas y peleas permanentes entre grupos de delincuentes. La pobreza es tanta que en su dieta no está presente la carne de res, los huevos, la leche ni el queso; no se consume pescado.
Jeffrey Halperin comparó varones agresivos con no agresivos, ambos con diagnósticos de ADD (déficit de atención) combinado con hiperactividad. Se les administró la droga fenfluramina, que provoca respuestas en el sistema serotoninérgico. Los resultados mostraron cambios positivos en los niños agresivos al modificar los niveles de serotonina.
Matti Virkkunen cree haber identificado variaciones genéticas específicas que predisponen a algunos individuos hacia la conducta suicida. Tomando casos de jóvenes ofensores violentos, descubrió que una variante del gen TPH (tryptophan hydroxylase), cuyos códigos producen una enzima necesaria para la biosíntesis de la serotonina, estaba asociada fuertemente con los intentos suicidas, irrespetivo de si los jóvenes eran o no impulsivos.
Un segundo estudio demostró que bajos niveles del metabolito 5-HIAA (localizado en el líquido cefalorraquídeo) están asociados con pobre control de la conducta impulsiva (sobre todo en alcohólicos).
Por último, estudios en monos demuestran consistentemente altos niveles de agresividad cuando los niveles de serotonina son bajos.
Podemos concluir que muchos de nuestros jóvenes son violentos porque su alimentación es baja en proteínas y demasiado elevada en carbohidratos. Eso es común en los barrios pobres de Lima Metropolitana. Se trataría de trastornos bioquímicos relacionados con la serotonina.
Espero que este caso permita a padres de familia observar cómo deben alimentar a sus hijos, procurar elevar el contenido de proteínas en la dieta familiar. Al niño y al adolescente hay que alimentarlo bien, pero no solo con yuca, papa o camote. Hay que incluir en la cena y en el almuerzo pescado y carne de res.
No olvide que la ausencia de serotonina puede provocar que su hijo se convierta en otro Loco Robert.
Las autoridades deben tener en cuenta los datos e informes de Richard Wurtman, Jeffrey Halperin y Matti Virkkunen.
En esta entrega he querido dar un resumen de algunos de los muchos estudios que están siendo realizados en esta área de estudio sobre la relación entre factores orgánicos y conducta criminal.
Sonría y sea feliz.
Pedro Alejandro Reyes Ramos
Instructor de Seguridad Pública y Privada
Inscrito en DICSCAMEC
Ministerio del Interior de Perú
http://www.slideshare.net/Assippperu/manual-del-escolta-guardaespaldas
Sobre el autor
Instructor de Seguridad Publica y Privada inscrito en el Ministerio de Interior de Peru.Director de AASIPP PERUDirector de Alvisegperu
62 artículos · 130.290 lecturas
Artículos relacionados
La psicología institucional
Qué es la Psicología Institucional y para qué sirve. Qué...
Componentes de la Personalidad
En el siguiente artículo se explicará brevemente como se estructura la...
La psicología del color amarillo
La psicología del color amarillo fue estudiada por grandes maestros a lo largo de...
La psicología ambiental
La psicología ambiental debe ser multidisciplinaria, ya que los psicólogos...
Psicología de la adolescencia, un tema especializado en CPA Psicólogos
La psicología de la adolescencia aborda los cambios físicos, emocionales y...
La psicología de la percepción visual
Exploraremos las conductas psicológicas propias del ser humano al interpretar las...