Quién da un dedo puede perder el brazo

Nosotros votaremos por propuestas reales, por candidatos cuyas propuestas o planes de trabajo sean realistas y atendiendo la urgencia de nuestro país y municipios. Votaremos por quienes entiendan el poder político como servicio a la sociedad y que sean personas con principios y valores que respeten las reglas.

Cicely Sanchez
Cicely Sanchez

31 de octubre · 924 palabras

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Quién da un dedo puede perder el brazo - Política

En este artículo, la Licenciada Cicely Sánchez reflexiona sobre la importancia de votar por candidatos reales y comprometidos con la sociedad.

A menudo, los políticos que prometen honestidad y humanidad resultan ser los peores representantes del gobierno, y su falta de escrúpulos se hace evidente una vez en el poder.

Es importante elegir un candidato que tenga principios y valores, que respete las reglas y entienda el poder político como un servicio a la sociedad.

Debe prevalecer en él y en su equipo la honestidad, justicia, solidaridad, responsabilidad y el respeto a la dignidad de la persona humana, así como el respeto y protección a los derechos humanos.

Además, debe estar dispuesto a trabajar en equipo, tener capacidad de diálogo y concertación, y estar comprometido con el desarrollo de la región.

La ciudadanía debe ser consciente de que al votar, está eligiendo al representante que tendrá un impacto en sus vidas y en el futuro del país o municipio. En definitiva, el artículo nos llama a votar con responsabilidad y elegir candidatos que tengan un compromiso real con la sociedad.

Quién da un dedo puede perder el brazo

Nosotros votaremos por propuestas reales por candidatos cuyas propuestas u planes de trabajo sean realistas y de acuerdo con la urgencia de nuestro país y municipios, que entienda el poder político como servicio a la sociedad, una persona con principios y valores que respete las reglas, que entienda el servicio al bien común, que prevalezca en él y su equipo la honestidad, justicia, solidaridad y responsabilidad, además el respeto a la dignidad de la persona humana, el respeto y protección a los derechos humanos, andar en la verdad y reconciliación, una persona con disposición a trabajar en equipo, identificado con la labor social, comprometido con el desarrollo de la región, con capacidad de diálogo, concertación y la búsqueda de acuerdos justos además de comprometido con la participación ciudadana.

Licda. Cicely Sánchez
Máster en criminología y criminalística

Todos, cuando votamos y nuestro dedito ha sido manchado por la tinta al momento de emitir nuestro sufragio, pensamos que hemos elegido al político más acorde a nuestras necesidades de población, sin tomar en consideración que muchas veces no son políticos sino politiqueros, o payasos que por azar del destino han podido llegar a optar puestos públicos, que más tarde serán el verdugo para una ciudadanía que un día creyó en el proceso democrático, y bien se aplica que de la boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso.

La reflexión se hace porque muchos politiqueros sin escrúpulos que prometen dignidad, honradez, humanidad son las peores gandayas existentes. A la luz de un farol apagado estaba un ciego leyendo mientras un sordo le escuchaba; sin tomar posesión se crecen tanto como hule canche para medir calles, los que un día los llevaron al poder son las escorias más grandes ante ellos, son incapaces de dar un saludo al que vende el periódico o dar las gracias al que les sirve la gasolina en una estación de servicio, y para ponerlo más dramático humillan hasta la familia misma.

Y he aquí una muestra de lo anteriormente relatado, un concejal municipal electo, por uno de los tantos municipios que tiene Guatemala, osó insultar y amenazar a un miembro de su familia de muerte, aduciendo que él tenía el poder en ese momento y que el que se metiera con él, le iría muy mal. Este personaje tiene antecedentes de maltrato intrafamiliar, agresividad, y de haber lesionado físicamente a un miembro familiar al punto de enviarlo a un centro hospitalario con un brazo partido en dos; al pobre le debitarían de decir Zapata... si no la gana la empata. Realmente, ¿cómo le podrá ir a la población guatemalteca con aprendices de políticos que si son capaces de destruir a su propia familia, capaces de qué serán con una población? Gracias a Dios no fue presidente de la República porque Hitler hubiera quedado un poroto ante este individuo. Si este es el comienzo, ¡cómo será el final!

Miremos características psicológicas de este tipo de entes y encontramos por ejemplo una personalidad tóxica, pues es aquella que donde quiera que llegue contamina el ambiente, lo enrarece, lo hace irrespirable. En lenguaje profano y criollo, un individuo tóxico es un rompe grupos. ¿Qué rasgos de carácter tienen estas personas? Antes se les solía llamar psicópatas, y mostraban esta tríada de características: un patrón de carácter muy rígido – ejemplos: muy responsable o totalmente irresponsable, muy organizado o muy desorganizado –, y, por último, una marcada inadaptación social, laboral y familiar, producto de esa inflexibilidad caracterológica y de unas relaciones interpersonales malas.

La personalidad que más se acerca a un tóxico es el llamado narcisista. El nombre es tomado del mito griego de Narciso: se amaba tanto que mirándose en un estanque cayó en él y se ahogó. Los narcisistas tienen una inmensa sed de protagonismo, de sobresalir, y si no encauzan adecuadamente sus apetencias sociales y laborales, terminan destruyendo a cuanto grupo tiene el candor de acogerlos como personas normales. Porque, y aquí está el truco, los personajes tóxicos son al inicio simpáticos, agradecidos, listos, con carisma de líderes.

Desafortunadamente, muchas veces los seres humanos no acostumbran a aprender ni a escuchar a los demás. Hoy en día no es habitual reclamar referencias cuando se solicita participar en un cargo público. En los expedientes referenciales no consta cuántas veces ese trabajador fue sancionado por problemático, por romper grupos o incidencias personales como agresividad nata, o psicópatas disfrazados. Si tiene la desdicha de comenzar en un trabajo donde cree que nadie lo conoce, y de pronto se aparece alguien que lo tiene calado, ni los jefes ni nadie prestan atención al peligro. Porque, y es también un infortunio, la única cura a la personalidad tóxica es mantenerla controlada; identificarla y al primer ruido, conducir al individuo por una circunstancia donde pueda purificarse. Si la personalidad emponzoñadora pasa inadvertida, y sin control sanitario, el daño a las relaciones humanas puede estar garantizado. Las personas, sin embargo, y como sucede con las sustancias, rara vez hacen caso a las etiquetas a no ser que tengan las calaveras y los huesos afuera.

"Agua y ajo: a aguantar y a joderse" es lo único que nos quedará con estos payasos aprendices de politiqueros. "El hombre arriesga la vida cada vez que elige, y eso lo hace libre".

Licda. Cicely Sánchez
Máster en criminología y criminalística

Cicely Sanchez

Sobre el autor

Cicely Sanchez

Me dedico a la Investigacion Criminal, a dar capacitaciones y realizar Proyectos en Seguridad Publica, Prevencion del Delito e Investigacion Criminal

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