El Salvador. despertar de un gigante. un fenómeno de la naturaleza

El presente artículo refiere sucesos del ayer. Se escribe con el objetivo de reflexionar sobre la importancia de la prevención para evitar que los eventos de la naturaleza causen un mayor impacto.

Jaime Noé Villalta Umaña
Jaime Noé Villalta Umaña

28 de mayo · 1147 palabras

Compartir: 𝕏 Twitter 📱 WhatsApp
El Salvador. despertar de un gigante. un fenómeno de la naturaleza - Historia

A lo largo de la historia, los seres humanos han sufrido las consecuencias de los fenómenos naturales, que han cobrado muchas vidas humanas y destruido ciudades enteras. La erupción del Vesubio en el 79 d.C causó la destrucción de Herculano, Pompeya y Stabiae.

En El Salvador, la erupción del Volcán de Ilopango obligó a los indios a emprender un largo camino hasta refugiarse en Guatemala y Honduras. La erupción del Krakatoa en 1883 se cobró la vida de 36.000 personas.

Es importante destacar que los eventos naturales impactan más en los países subdesarrollados, los que se encuentran en los trópicos o en zonas de riesgo geológico y que, además, no cuentan con infraestructuras adecuadas para proteger a su población, lo que agrava aún más la tragedia.

Además, el hombre también es responsable de graves desastres, ya que su actividad excesiva, en su afán de acumular riqueza, puede acabar acelerando y aumentando el impacto de los eventos naturales.

Es esencial educar a la población en prevención para minimizar los efectos de las catástrofes naturales.

Los seres humanos han tenido que luchar siempre ante las vicisitudes de la naturaleza. La historia de la humanidad cuenta en sus páginas cómo los fenómenos naturales han terminado con la vida de hombres, mujeres y niños, lo mismo que con plantaciones, edificaciones y ciudades completas. Basta recordar la destrucción causada por el Vesubio, que el 24 de agosto del año 79 produjo una fuerte explosión, destruyendo las ciudades de Herculano, Pompeya y Stabiae. De igual importancia fue lo ocurrido en El Salvador, cuando el Volcán de Ilopango hizo erupción (fecha exacta no determinada; pudo suceder entre los años 408 al 536 d.C.); los indios emprendieron un largo recorrido, refugiándose en la ciudad de Guatemala y en Honduras (Copán). También se recuerda con tristeza la erupción de Krakatoa, cuya manifestación eruptiva se inició el 20 de mayo de 1883 y culminó el 26 de agosto del mismo año, muriendo 36.000 personas.

Es importante aclarar que los eventos de la naturaleza causan mayor impacto en países subdesarrollados, en aquellos localizados en las condiciones climáticas de los trópicos o en zonas de riesgo geológico. Por otra parte, es necesario mencionar que los países mencionados no cuentan con una infraestructura efectiva que proteja a la población, por lo que el evento se convierte en una verdadera tragedia.

El hombre ha causado graves desastres, por ejemplo el ocurrido en Chernóbil. Además, los eventos producto de la naturaleza pueden verse desorbitados por la actividad humana; en su deseo excesivo de acumular riqueza no le importa destruir bosques, creando mayores condiciones de vulnerabilidad, lo que lleva a severas inundaciones que destruyen no sólo las plantaciones agrícolas e infraestructura, sino también la vida de las personas.

A pesar de la frecuencia con que ocurren los distintos fenómenos de la naturaleza, tales como erupciones volcánicas, inundaciones o terremotos, las personas nunca se preparan. Es necesario educar en prevención; con ello se minimiza el impacto.

El padre de los cerros

Desde los terremotos del año 2001, el padre de los cerros (volcán Lamatepec en el departamento de Santa Ana, el de mayor elevación en la República de El Salvador), como acertadamente le llamara el poeta niño, fue observado por los expertos en vulcanología. La actividad volcánica se incrementó a partir del año 2004. La emisión de gases (SO2) aumentó considerablemente.

El momento llegó. Los vecinos de la finca San Blas fueron especialmente afectados por emanaciones de gas. En el segundo semestre del año 2005 la preocupación aumentó, pues las comunidades de la finca Santa Elena, Los Planes de La Laguna (Lago Coatepeque), Juayúa, El Canelo y otras estaban en riesgo.

En su instinto de conservación, los habitantes de la finca San Blas decidieron evacuar el lugar en el afán de proteger sus vidas y evitar la hecatombe, a pesar de que las autoridades de la época no aprobaron tal decisión.

La naturaleza es impredecible; si bien es cierto que las observaciones científicas pueden orientar la toma de decisiones, estas deben ser responsables y prudentes. Los expertos continuaron realizando sus investigaciones, empleando tecnología o mera observación del comportamiento del cráter volcánico, midiendo los niveles de emanación de SO2 y llevando un control de los sismos registrados en la zona.

Las grietas ocasionadas por los sismos de fisura y la incandescencia se hicieron evidentes en el cráter volcánico. Los investigadores del SNET (Servicio Nacional de Estudios Territoriales) creyeron que se encontraba dentro de los parámetros normales.

Los días continuaron, pero la situación no cambió para los habitantes de la zona, pues eran ellos quienes tenían que aspirar el SO2 (las emanaciones de dicho gas afectan el sistema respiratorio).

Es el día 1 de octubre (2005), día internacional del niño, cuando a eso de las 8 horas con 15 minutos el coloso, contra todo pronóstico, entra en erupción. Hora para que los miembros del COEN despierten. Es entonces que las autoridades encargadas alertan sobre la situación eruptiva, decretando la alerta roja para un radio de 4 kilómetros, la cual mantuvieron durante unos días, aumentándola a 5 posteriormente. Es importante destacar que el vulcanólogo Carlos Pullinger expresó ante los medios de comunicación, en conferencia de prensa efectuada precisamente la fecha de la erupción, explicando al pueblo salvadoreño que este era el evento mayor. Declaración que tuvo que modificar, pues posteriormente aceptó que podrían presentarse otras manifestaciones eruptivas de igual o mayor magnitud.

El lanzamiento de balísticos y ceniza se hizo evidente. Juayúa sintió los embates de la fuerza colosal del Lamatepec o Ilamatepec. El pánico se apoderó de la gente, que fue llevada fuera del diámetro de peligro y alojada en distintos lugares, lejos de sus hogares. Narraron los habitantes de los caseríos del cantón Planes de la Laguna que los niños se encontraban solos en sus viviendas y éstos corrían desesperadamente; sus padres se encontraban trabajando.

Amanece el día lunes 3 de octubre; las escuelas e institutos públicos extrañaron el repicar de las campanas o los timbres eléctricos llamando a los niños y jóvenes a clases. Las instituciones educativas del Estado fueron utilizadas como refugio para damnificados por la erupción volcánica; sin embargo, eso no fue todo, pues la tormenta tropical provocada por el huracán Stan causó inundaciones que obligaron a evacuar, incrementándose con ello la magnitud del problema nacional.

El Salvador está sujeto a fenómenos naturales, tales como terremotos, inundaciones y tormentas tropicales, entre otros. Es obligación del Estado salvadoreño garantizar la seguridad y la vida de las personas. El artículo 1 de la Constitución de la República de 1983 establece que la persona humana es origen y fin de la actividad del Estado. Sus grandes fines son garantizar la vida, la seguridad, la justicia y el bien común. En ese sentido, es necesario propiciar todas aquellas condiciones que aseguren a los habitantes de la República el goce de sus derechos constitucionales.

En atención a lo anterior se promulgó la Ley de Creación del Fondo de Protección Civil, Prevención y Mitigación de Desastres, que en su Art. 1 expresa lo siguiente:

“Créase el Fondo de Protección Civil, Prevención y Mitigación de Desastres, como una entidad de Derecho Público, con personería jurídica y patrimonio propio, gozando además de autonomía administrativa y financiera en el ejercicio de sus funciones; quien en adelante podrá denominarse FOPROMID. La administración de FOPROMID le corresponderá al Ministro de Hacienda o quien haga sus veces, quien podrá delegar mediante Acuerdo Ejecutivo la citada responsabilidad”.

El 1 de octubre (2005) será otra fecha nostálgica para los salvadoreños; sin embargo, la capacidad y valentía del pueblo no tiene comparación, pues rápidamente olvida y se repone no sólo de las pérdidas humanas, sino también de las materiales. Quienes no se deben olvidar jamás son aquellos que tienen bajo su responsabilidad y por mandato de ley prevenir y mitigar los impactos producidos por los eventos de la naturaleza.

Lic. Jaime Noé Villalta Umaña

Prof. y Abg.

Jaime Noé Villalta Umaña

Sobre el autor

Jaime Noé Villalta Umaña

Dios, familia y trabajo. Vivir con responsabilidad y honradez es mi lema. Me gradué como Profesor y posteriormente como Licenciado en Ciencias Jurídicas, autorizándome como...

80 artículos · 893.518 lecturas

Comparte tu conocimiento con el mundo.

Publicar un artículo →