El viaje soñado
Como un hombre a los 50 años y, después de tanto tiempo, logro por fin hacer realidad el sueño de toda mi vida. Por fin puedo viajar y conocer el mar con el que siempre había soñado.
10 de mayo 455 palabras
El relato narra la historia de un hombre llamado Mauricio, de 49 años, que desde Bucaramanga, su hogar, viaja a la costa con gran ilusión de conocer el mar. Luego de tomar un lujoso bus de noche, llega a Santa Marta, donde se hospeda en un hotel modesto y se dedica a disfrutar de la playa.
Mauricio toma precauciones para evitar robos, pero aun así termina siendo víctima de uno, perdiendo sus sandalias, medias y todo el dinero que llevaba encima. Además de esto, sufre graves quemaduras en su piel por tomar demasiado sol sin protección.
El relato es una crítica al turismo desinformado que, al no tomar precauciones suficientes, puede pasar por malas experiencias que arruinen su viaje.
Además, el autor resalta el peligro que existe a la hora de adquirir bebidas alcohólicas vendidas por vendedores ambulantes en la playa, debido a la falta de control sanitario y de calidad.
Mi nombre es Mauricio, tengo 49 años y soy de Bucaramanga. Llevaba 3 noches sin dormir por la emoción de mi viaje a la costa; por fin iba a conocer el mar.
El tan anhelado y deseado día había llegado. Arribé al terminal de transportes una hora antes; fui el primero en subirme al bus pullman de lujo con aire acondicionado y baño, como decía el contrato de la agencia de viajes Sol y Mar. El bus salió a las 8 de la noche; preferí viajar de noche para aprovechar los 3 días de sol y mar al máximo. Llegamos a las 5 de la mañana a Santa Marta.
Ya en la habitación del hotel de una estrella, en la que había una cama sencilla con un colchón medio confortable, una mesita de noche y, lo más importante, un buen ventilador, desempaqué a toda prisa y me puse mis bermudas hasta la rodilla color verde oliva, mi guayabera con adornos de palmeras y mis sandalias con medias blancas tobilleras.
Llegué a la playa y alquilé una pequeña carpa. Antes me había camuflado todo el dinero que tenía entre las medias para prevenir robos; ya me habían alertado de robos a turistas por parte de algunos ladrones camuflados de vendedores. El sol estaba en todo su esplendor; me quedé maravillado por varios minutos al ver semejante inmensidad de mar y me tendí en la arena, quería broncearme. Compré unas latas de cerveza y me las bebí rápidamente. El sol estaba en todo su esplendor y el calor hacía que mi cuerpo se deshidratara con gran rapidez.
Por mi lado pasó uno de los tantos vendedores ambulantes que vendía ron blanco, un trago típico de la costa Caribe, bastante fuerte, por lo que me recomendó el vendedor que lo tomara con precaución. Me tomé el primer trago y me pareció un poco fuerte; tenía un sabor un poco dulzón. El segundo y tercer trago me parecieron más suaves.
No sé a qué horas me quedé dormido; lo cierto es que cuando me desperté el sol ya se estaba ocultando y todo el cuerpo me ardía terriblemente. Yo creo que tenía quemaduras de primer y segundo grado y, lo peor, es que me habían robado las medias, las sandalias y toda la plata que había escondido en ellas. Me regresé al hotel y duré tres días acostado con malestar, fiebre y escalofríos. Al tercer día, cuando ya estaba recuperado, me informaron que el bus de regreso a la ciudad de Bucaramanga salía en una hora. http://cuentoscortos21.blogspot.com/
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