Historias de mariachis nunca contadas

En cualquier lugar del mundo es posible tropezarse con un conjunto de mariachis. En Bogotá, muchos conjuntos de mariachi se consolidan en el género. La identidad de estos artistas se ratifica a partir de sus chaquetas y pantalones adornados con taches y bordados de arabescos, junto a sus sombreros.

Fabian Ledesma
Fabian Ledesma

10 de junio · 595 palabras

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Historias de mariachis nunca contadas - Música

Los mariachis, especialistas en la música auténtica mexicana, son una parte importante de las fiestas y celebraciones populares, desde bodas hasta cumpleaños. Pero para estos músicos, la música no es solo una forma de entretenimiento, sino también de transmitir emociones y sentimientos.

Las serenatas son su especialidad, y muchos artistas creen que su música tiene el poder de unir a las personas y transmitir sentimientos de alegría y romance, así como de compasión y perdón.

Los mariachis dicen que su música puede hacer que incluso el más retraído de la fiesta se mueva y baile al ritmo de sus rancheras, pasodobles y huapangos.

Y aunque su trabajo puede parecer simple, estos músicos tienen una gran importancia cultural y social en México, y a menudo se les compara con los titanes mundiales de la música.

Gracias a su habilidad para renovar la vida de las personas a través de su música, los mariachis han ganado un lugar especial en el corazón de México y del mundo.

Las tonadas llegan al público coloreadas por el exclusivo trasfondo sonoro que les brindan sus instrumentos esenciales: el guitarrón, la guitarra, la vihuela, el violín, el arpa y la trompeta. El compás de los ritmos circula por bodas, fiestas de quince, cumpleaños, pedidas de mano, reconciliaciones e incluso han sido solicitados para sosegar la aflicción de algún enfermo. Según los propios músicos, en cada presentación ofrecen más que música. Ellos otorgan gozo y romanticismo, que son el corazón de sus homenajes tan solicitados: las serenatas.

Reconociendo estas serenatas, algunos artistas sostienen la posibilidad de que en el cielo les haya reservado un sitio de privilegio, como recompensa por la cantidad de almas que lograron unir. Aseveran que son una suerte de serafines terrenales, con la potestad de traspasar los corazones tiernos con sus valses, vidalitas y boleros.

Los mariachis sostienen que con sus rancheras, pasodobles y huapangos pueden agitar los pies del más retraído de la fiesta. Dicen que son idóneos para subir el fuego íntimo de la dicha, estimular el calor de un beso, fundir los desconsuelos e inducir a la nobleza del perdón. Revalidan todo esto con el testimonio de que, al vocalizar, deleitan los corazones. Y la reflexión es que, gracias a la mitad de estas pericias, estos señores ya podrían conformar el cuadro de titanes mundiales.

Las memorias de estos mariachis inquietan al planeta; desde su oficio y casi por casualidad, han conseguido observar de muy cerca el efecto en las personas. Por medio de su trabajo participan en la renovación de la vida de muchos. Como los titanes.

Una de las leyendas más tiernas que cuentan estos mariachis es la de una parejita de enamorados. Ella quería casarse. Él trabajaba como mercader y, con la disculpa de ahorrar y a la espera de un mejor momento económico, postergaba continuamente la fecha de boda. Cuando las cosas comenzaron a ponerse tensas, el chico resolvió invocar a los mariachis y pensó un plan: el instante de la sorpresa sería durante la celebración del aniversario de su novia.

Ese mismo día, además, en los instantes previos a la fiesta, él le dijo que no podría asistir. ¿La excusa? Un viaje por motivos laborales. De esta manera ocurrió, y fue grande la decepción de la enamorada cuando se dio cuenta de que su futuro no estaría presente en los festejos, sobre todo porque era demasiado tarde para anularlos.

Adolorida, prosiguió con los planes y por la noche se dirigió al lugar de la fiesta. Una vez allí todo fue admiración y revuelo: siete u ocho hombres de chaquetas negras, moños rojos y enormes sombreros surgieron a su encuentro. Luego, como salido de las estrofas de "Cielito lindo", apareció un gran ramillete de rosas y, tras él, su hombre. Ella soltó los primeros lamentos de emoción. Él, de rodillas, le pidió matrimonio mientras extendía los brazos ofreciéndole unas alianzas. Ella se abandonó al llanto y se apresuró a abrazarlo.

Él se incorporó y de algún lado sacó unos documentos que eran, en realidad, mucho más: resultaron ser las escrituras de una casa que había conseguido hace poco. Ella no podía aguantar tanta sorpresa. Decir que reía a carcajadas o que lloraba a voces era igualmente válido. El chaval era el postulante ideal. "A esa altura, hasta nosotros deseábamos casarnos con él", declara Diego.

Más detalles sobre estos temas puedes encontrarlos en nuestra página web de Mariachis Bogotá

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