Nadie me enseñó a pensar

Lo queremos todo y lo queremos ya, y además barato; la sociedad en la que vivimos no nos permite pensar mucho. Tememos que la liemos y que nadie, ni siquiera nosotros mismos, nos perdone.

Jose Weig
Jose Weig

15 de abril · 407 palabras

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Nadie me enseñó a pensar - Educación

En este artículo se hace una crítica a la sociedad actual y su cultura del consumo. La rapidez y el deseo por tener todo al instante nos aleja de los valores y nos lleva a una competencia desmedida por querer tener lo que tienen los demás.

La falta de reflexión y de prudencia nos lleva a endeudarnos por cosas que en realidad no necesitamos.

Se hace hincapié en la importancia de valorar lo que es realmente importante en la vida, como la familia y las relaciones emocionales, en lugar de centrarse solamente en la adquisición de bienes materiales que no siempre nos aportan la felicidad que buscamos.

Finalmente, se invita a reflexionar sobre nuestro estilo de vida y tomar decisiones más sabias y conscientes, en lugar de dejarnos arrastrar por la cultura del consumo que tanto nos perjudica.

Nadie nos enseñó a pensar

Queremos vivir rápido, queremos vivir bien, ganar dinero fácil, tener el mejor coche, la mejor chica (o el mejor chico) la mejor casa, la mejor ropa; lo queremos todo y lo queremos ya.

Sumidos en la vorágine del siglo XXI pensamos que las cosas tienen que ser así, sí, así de fáciles, pero... lamentablemente, no siempre es así.

Hemos nacido viendo por la mirilla al prójimo, deseando lo que él tiene y sin pensar si realmente nosotros necesitamos tener lo mismo que él, o al menos aparentarlo.

Inmersos en un mundo sin valores, queremos y queremos acaparar cosas materiales, ser los mejores sin serlo y muchas veces sin merecerlo.

No nos enseñaron a sufrir para conseguir cosas, nos enseñaron a entrar en un banco y pedir el dinero para comprar una casa, y ahora, amigos... hemos de pagar a ese 'señor' que tan amablemente nos dejó el dinero por una casa en Asturias que nos costó 200.000 € y a la que ya casi no vamos porque está demasiado lejos y la gasolina está muy cara. Otros tuvieron suerte y compraron más barato, casas en Asturias por 6.000 € (http://www.casabellarustica.com) y tuvieron más suerte.

De todos modos, qué más da, si al fin y al cabo ni una ni otra eran necesarias para nosotros.

Con las parejas pasa algo igual, queremos la mejor, para que la vea nuestro entorno social, que sea atractiva, guapa, alta y que todos digan, 'anda con Luis, vaya novia que se echó, más guapa'. Sí, puede que guapa, pero... con la guapura no se vive y, menos, se convive; y de repente, sin quererlo ni beberlo, tan pronto se han casado como que se han divorciado, en el tan de moda llamado divorcio Express (http://www.separoydivorcio.com y http://www.divorcioexpresss.es)

Y... a volver a empezar, a comprarse otra casa (si podemos), a buscarse otra novia (si podemos), pero en uno y otro caso, sin valorar lo más mínimo si necesitamos lo uno o lo otro.

Y cuando nos queremos dar cuenta, tenemos una pila de años, y cuando miramos atrás nos damos cuenta de nuestra mala cabeza por tomar tan horribles decisiones: comprando casas en Asturias, casándonos o eligiendo el divorcio Express. Pero ya es demasiado tarde, amigos, demasiado tarde. Nadie nos enseñó a pensar.

Jose Weig

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Jose Weig

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