El maquiavélico chantaje de Allamand y Longueira a la clase media por la educación subvencionada
La derecha chilena busca sobornar a la clase media y abandonar la búsqueda de igualdad en materia de educación. En el debate entre Allamand y Longueira quedó en evidencia esta apuesta por financiar la educación privada en vez de mejorar la pública.
17 de junio · 661 palabras
Durante un debate presidencial en Chile entre los candidatos de la Alianza, Andrés Allamand del partido Renovación Nacional y Pablo Longueira de la UDI, se discutió el tema de la educación subvencionada en el país.
Ambos políticos defendieron la idea de que los padres deben ser libres para elegir el tipo de educación que quieren para sus hijos, incluyendo la educación privada subvencionada.
Sin embargo, esta opción solo está disponible para aquellos que puedan pagarla, y en general, la calidad de la educación pública en Chile se considera deficiente debido a la falta de recursos monetarios.
El artículo argumenta que la estrategia de la derecha en Chile es mantener los recursos estatales en la educación privada subvencionada, en detrimento de una educación pública de calidad. Esto se considera una amenaza para la clase media y la sociedad en general, ya que perpetúa la segregación.
Los padres deberían tener una opción real entre la educación pública y privada, pero solo si la calidad de la educación pública se mejora a través de una inversión adecuada en recursos y programas educativos.
En el debate presidencial entre los candidatos de la Alianza, de Renovación Nacional, Andrés Allamand, y el UDI, Pablo Longueira, casi queda develado el maquiavélico chantaje que la derecha chilena hace a la clase media en el tema de la educación subvencionada, en desmedro de la clase baja y del bienestar general de la Nación.
En la ocasión Andrés Allamand indicó que está "por terminar con la segregación y no con el financiamiento compartido, que no es lo mismo (...) La Concertación quiere terminar con la educación particular subvencionada".
Consultado por la libertad de los padres que no tienen dinero, el candidato de RN respondió: "¿Qué hay de malo que un padre quiera una mejor educación de sus hijos o el emprendimiento privado en educación? El Estado debe garantizar una educación de calidad. Voy a avanzar en doblar el monto de la subvención".
Postura que fue reafirmada por su contendor, el UDI, Pablo Longueira: "El financiamiento compartido es una opción más de la libertad de educación. Lo que tenemos que hacer es que el Estado mejore la calidad de la educación pública del país (...) La educación pública requiere un apoyo. No me parece que la solución sea que esa libertad que ejercen los padres se termine".
¿Qué tiene esto de maquiavélico o de amenaza?
En el caso de Chile, los padres buscan diversas opciones de educación, pero con el solo objetivo de obtener más calidad, y no como sucede en los Países Bajos, donde, no estando en peligro la calidad de la educación de sus hijos en el sistema público, los padres buscan formaciones diferenciadas para sus hijos basadas en sus distintas convicciones religiosas.
En Chile, la gran mayoría de los padres pondría a sus hijos en establecimientos públicos si estos fueran de tanta calidad como uno privado.
Pero los establecimientos públicos chilenos no son en su gran mayoría de calidad, y la principal explicación está dada porque no cuentan con los recursos monetarios necesarios. Y lo que busca perpetuar la derecha es que recursos estatales que deberían hacer de la educación pública de tanta calidad como la privada se dediquen a subvencionar los esfuerzos privados en educación.
En simple, le están diciendo a la clase media que la educación pública nunca será de verdadera calidad de forma tal que no será necesario sacar del propio bolsillo para garantizar buena educación para sus hijos; lo que a su vez implica que los niños de clases bajas están condenados. También les están diciendo que, dado que nunca habrá una educación pública de calidad, al menos pueden salvarlos a ellos, de clase media, aumentando un poco lo que pueden pagar en educación, gracias a una subvención estatal.
Además de ser inmoral, es ineficiente como país, pues con los recursos con los que cuenta Chile es posible tener una educación pública de calidad, y no hacerlo implica una segregación que, entre otras cosas, provoca el desinterés de niños y padres por esforzarse por el rendimiento académico, ya que tanto en la escuela o colegio como en la vida laboral solo podrán competir con sus iguales de clase. Los de colegios de idiomas competirán solo entre ellos por los sueldos ABC1, y los de liceos numerados por trabajos con sueldos mínimos. El impacto en sus vidas de esforzarse por aprender más y mejor será mínimo. Al querer perpetuar esta realidad, la derecha chilena deja en claro que es conservadora, de lo malo, y no liberal, y que parece importarle poco promover el esfuerzo personal.
Ya estamos acostumbrados a lo poco liberal de nuestra derecha, pero lo triste es que la Concertación misma tiene pánico de hablar con todas sus letras de un Estado docente, aunque sea la base de todo país desarrollado, incluidos los más derechistas como el mismo Estados Unidos.
Julio Morales
Periodista
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