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Por qué tenemos emociones y sentimientos

Todas las personas, en algún momento, nos emocionamos por los sentimientos que atribuimos a un tema cercano o que nos afecta profundamente. Estas reacciones influyen en cómo pensamos y actuamos ante situaciones cotidianas y en conflictos.

Pepe G
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20 de abril · 770 palabras

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Por qué tenemos emociones y sentimientos - Psicología

Las emociones son sentimientos complejos que afectan la conducta de las personas tanto en su aspecto fisiológico como cognitivo. Las principales emociones son ira, miedo, alegría, asco, tristeza y sorpresa que se presentan en todas las culturas y edades.

Las emociones son componentes significativos de nuestras motivaciones y comportamientos. Los conflictos afectan emocionalmente a las personas y existen pocas investigaciones sobre la relación entre conflicto y emociones.

Algunos estudios demuestran que las personas que experimentan estados de ánimo positivos son más efectivas al solucionar conflictos, mientras que los negociadores enojados tienen un menor deseo de volver a negociar.

Los individuos con mayores niveles de emociones negativas durante el proceso de negociación perciben que ejecutaron peor la tarea de negociación. Por otro lado, aquellos que experimentan emociones positivas se sienten más satisfechos con los resultados.

Es importante manejar adecuadamente las emociones ante situaciones de conflicto y aprender a expresar los sentimientos de manera que no sean agresivos o destructivos. La ira es una emoción que puede agravar un conflicto y su manejo es fundamental para resolverlo.

Las emociones son sentimientos (la felicidad, la desesperación o la tristeza) que tienen tanto elementos fisiológicos como cognitivos y que influyen sobre el comportamiento. Las emociones que todos conocemos son la ira, el miedo, la alegría, el asco, la tristeza y la sorpresa, puesto que nos acompañan desde el nacimiento y están presentes en todas las culturas. Las emociones son un componente muy significativo de la motivación de nuestro comportamiento, y el comportamiento que surge de las necesidades motivacionales influye a su vez sobre las emociones.

El conflicto es uno de los fenómenos que más produce emoción. Hay pocas investigaciones sobre conflicto y emoción; de todas formas, algunos estudios han encontrado que las personas que experimentaban estados de ánimo positivo tendían a adoptar menos estrategias de confrontación al solucionar conflictos y disponían de mejores resultados. Además, se ha encontrado que los negociadores que estaban más enfadados tenían un menor deseo de volver a negociar en adelante con su oponente. Por otro lado, los individuos que tenían mayores niveles de emociones negativas durante el proceso de negociación del conflicto tienden a pensar que ejecutaron peor la tarea de negociación; a la inversa, aquellos que informaron haber sentido mayores emociones positivas tendieron a considerarse más efectivos; el grado en que la persona se siente satisfecha del proceso en el que ha participado depende, en gran medida, del tipo de emoción percibida en dicha situación.

De lo anteriormente señalado, es natural que, ante una situación de conflicto, lo importante sea manejar adecuadamente nuestras emociones y tenerlas al servicio de la resolución del conflicto. Esto significa aprendizaje de autocontrol emocional y aprender a expresar los sentimientos, particularmente la ira y la frustración, de manera que no sean agresivas o destructivas.

La ira es una emoción que puede estar presente en un conflicto; el manejo de ella determinará si un conflicto se resuelve exitosamente o si se agrava. Es importante decir que la ira es una emoción secundaria. Tras toda ira hay temor. El desarrollo del temor a la ira significa que se percibe una amenaza, se estimula el temor y se expresa ira. Un primer paso en la expresión responsable de la ira es identificar el temor subyacente. El temor anterior es la causa de la emoción. Comprender la causa del temor da la posibilidad de reducirlo y permite una comunicación y colaboración más positivas.

Reconocer y entender el rol de las emociones en la resolución de conflictos es primordial, tanto del otro como de uno mismo; las emociones transmiten información en una disputa respecto de la importancia de una cuestión para cada uno. Será posible encontrar en un conflicto emociones diversas como ira, desconfianza, suspicacia, desprecio, resentimiento, temor y rechazo. Es lícito explicitar las emociones de manera adecuada y es importante actuar con tolerancia ante la expresión emocional de la otra parte, permitiéndole además que se “descargue”, ya que ello liberará la presión adecuada que permita trabajar en la solución del conflicto y será normalmente más efectivo para los fines de resolver el conflicto, no reaccionar ante estallidos emocionales de la otra parte. Es en esta misma dirección que podemos hablar de inteligencia emocional para referirnos a la capacidad humana de sentir, entender, controlar y modificar estados emocionales en uno mismo y en los demás, término acuñado por los psicólogos norteamericanos Peter Salovey y John D. Mayer en 1995.

Señalemos algunas ideas respecto de la inducción emocional, es decir, de qué forma es posible inducir o hacer más proclives estados emocionales en el otro, que puedan desarrollar un clima o entorno positivo y favorable a la negociación o resolución del conflicto. Hay muchas formas en que las personas, a veces sin saberlo, se inducen estados emocionales unos a otros; así, por ejemplo, cuando durante una conversación uno de ellos comienza a preguntar por mayores precisiones sobre un aspecto señalado por el otro y que tiene connotaciones emocionales. Cuando preguntamos inducimos estados, es decir, reconectamos a las personas con vivencias que éstas hayan tenido en el pasado y revivirán dichas emociones en un grado menor; al profundizar el foco será posible desarrollar la emoción en cuestión. La actividad imaginativa dirigida, la expresión de frases acerca del sujeto, la estimulación del recuerdo, la manipulación de la expresión facial, el manejo de música en el entorno, el focalizarse sobre películas significativas, los cuentos e historias, el obsequio de presentes o regalos; todos ellos son métodos tradicionales de inducción emocional, empleados en algunas investigaciones.

Psicólogos de Madrid

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