La hermana polaca de la sirenita de Copenhague

La sirenita de Copenhague (Dinamarca) es una de las estatuas más conocidas de Europa. Poca gente sabe que hay otra figura de una sirenita en Varsovia (Polonia) y que, según la leyenda, las dos son hermanas.

Elena Prieto
Elena Prieto

15 de abril · 632 palabras

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La hermana polaca de la sirenita de Copenhague - Destinos Turísticos

En la Plaza del Mercado de Varsovia, en Polonia, se encuentra una estatua de una sirenita que, según la leyenda, es hermana de la famosa Sirenita de Copenhague.

Mientras que la sirenita danesa está sentada pacíficamente en una roca en la entrada del puerto, la polaca sostiene una espada y un escudo para defender su ciudad. La leyenda cuenta que las dos hermanas, aburridas de vivir en el mar Báltico, decidieron buscar emociones en otras aguas.

Una de ellas se enamoró de un pescador en Dinamarca y se quedó allí, convirtiéndose en el emblema de Copenhague.

Mientras tanto, su hermana Szawa nadó hacia el este, llegando al río Vístula, donde se instaló junto a una aldea de pescadores y jugaba a enredar los sedales de los pescadores y espantar los peces. Los lugareños intentaron atraparla varias veces, pero su canto los hipnotizaba.

Un mercader la capturó y la exhibió en ferias, pero un joven pescador llamado War la liberó, y la sirenita finalmente pudo regresar al mar.

La sirenita de Copenhague (Dinamarca) es una de las estatuas más conocidas y fotografiadas de Europa, pero lo que poca gente sabe es que hay otra figura de una sirenita en otra capital del Viejo Continente, en la bella Plaza del Mercado de Varsovia (Polonia), y que, según cuenta la leyenda, las dos son hermanas.

Eso sí, mientras que la sirenita danesa está tranquilamente sentada sobre una roca en la entrada del puerto de Dinamarca, la polaca sujeta con fiereza una espada y un escudo porque es la defensora de su ciudad.

Cuenta la leyenda que las dos hermanas, aburridas de vivir en las profundidades del mar Báltico, decidieron dejar a su familia y se lanzaron a recorrer otras aguas en busca de emociones. Una de ellas se quedó prendada de un pescador en los estrechos de Dinamarca y finalizó allí su viaje. Mucho tiempo después, sigue sentada plácidamente sobre una gran roca, convertida en el gran emblema de Copenhague y soportando pacientemente que miles de turistas la fotografíen cada año.

Mientras, su hermana, llamada Szawa, siguió nadando hacia el este, hasta llegar a la desembocadura del río Vístula y a continuación remontó su cauce. Tras muchas jornadas de viaje, un día decidió salir del agua para descansar junto a una aldea de pescadores y le gustó tanto el lugar que se instaló allí.

Para entretenerse, Szawa jugaba a enredar los sedales de los pescadores y espantar los peces mientras intentaban pescarlos, lo que a ellos no les parecía nada divertido. Para evitar que siguiera molestándoles, los lugareños intentaron varias veces atraparla, pero la sirena emitía sus bellos cantos y los dejaba hipnotizados. Un mercader escuchó la historia y pensó que podría hacer un gran negocio con ella si la atrapaba. Para evitar que le engatusara con sus cantos, se tapó los oídos, se acercó a ella y la atrapó. Después, la encerró en una jaula y la exhibió de feria en feria.

Szawa estaba muy triste por estar encerrada en una jaula y un día que estaba llorando un joven pescador de nombre War la escuchó llorar y se acercó a ver qué le pasaba. No pudo evitar sentir pena por ella y, con ayuda de unos amigos, la liberó de su encierro. La sirena estaba tan agradecida por recuperar su libertad que decidió quedarse a vivir con los pescadores, prometiéndoles que les ayudaría siempre que les hiciese falta. Por eso, desde entonces el lugar se llama War-szawa (Varsovia en polaco) y su figura se encuentra en el centro de la ciudad.

La sirenita preside una de las plazas más bonitas de Europa, con vistosas fachadas de alegres colores y siempre animada por pintores que muestran su arte en vivo y por los turistas y polacos que disfrutan de un rato de descanso en las terrazas de sus restaurantes. La Plaza del Mercado es el corazón del casco histórico de Varsovia, totalmente reconstruido tras quedar arrasado durante la Segunda Guerra Mundial (la ocupación nazi provocó la muerte de 700.000 de sus habitantes y dejó casi el 85 % de la ciudad reducido a escombros).

Casi 70 años después, la ciudad antigua, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, ha recuperado todo su esplendor y es un lugar perfecto para pasear siguiendo su calle principal, la Ruta Real, y con interesantes monumentos como el Castillo Real, la Catedral de San Juan o los escasos restos del antiguo gueto judío. Además, por todas partes hay parques, bares, cafeterías y restaurantes en los que hacer una parada para reponer fuerzas.

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Elena Prieto

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