La fotografía, heredera de la buena pintura
Cuando apareció la fotografía, la pintura sufrió un declive que casi la llevó a la desaparición. Si la pintura, o parte de ella, fue arte en estilos diferentes, hoy eso le ocurre a nuestra fotografía.
8 de abril · 359 palabras
El artículo explora la relación entre la fotografía y la pintura y cómo la fotografía ha afectado a la tradición de la pintura en las últimas décadas.
Se argumenta que la fotografía ha anulado la tradición de la pintura y ha prendido fuego a sus navíos, lo que ha llevado a los fotógrafos a renunciar a su novedad y tratar de formar una tradición para justificar su lugar como arte.
Sin embargo, se pregunta si hoy en día la fotografía puede resistir a la pintura, y si la pintura puede resistir a la fotografía de hoy. El autor sugiere que la fotografía auténtica encarna la distancia entre el arte y la sociedad y su tarea es gritar que el arte es una promesa quebrada.
Pero mientras exista la miseria social, la fotografía parece estar obligada a mantenerse separada del arte.
En resumen, el artículo argumenta que la fotografía ha tenido un gran impacto en la tradición de la pintura, pero también sugiere que la verdadera fotografía auténtica puede ser un arte por sí misma al capturar la distancia entre el arte y la sociedad.
Lo normal es presentar la historia de la fotografía como una sucesión progresiva de conquistas, cuyo último objetivo se referirá a la negación de su origen, de su pecado original: el haber nacido joven. Arte joven, con los años alcanzaría su edad dorada. Ya se sabe... la juventud es una enfermedad que se cura con los años. Así, paradójicamente, el envejecimiento de la fotografía se convierte en la condición de posibilidades para la fotografía de hoy. Pero hay algo de verdad en todo esto: el reconocimiento de que la fotografía está en el origen padeciendo una negatividad constitutiva, la irremediable debilidad de lo que aparece con signo de una modernidad. Nadie escapa a lo moderno: cuando surge lo auténticamente nuevo, todo cuanto se desvía del camino abierto por esa novedad se presenta como agotado, falto de energía.
Después de la fotografía, la pintura no pudo seguir en los cauces de lo tradicional, a riesgo de parecer agotada, falta de nervio. La fotografía anula la tradición de la pintura, prende fuego a sus naves. Que la pintura no pudo resistir a la fotografía es un hecho tan indudable que, extraviados los fotógrafos por el interés de formar una tradición, renunciando a su novedad para tener el concepto de arte que ella misma liquidaba, podría además confirmarse que la mejor fotografía, al menos en el diecinueve, la hicieron los pintores.
Pero debemos preguntarnos, ¿puede hoy la fotografía resistir a la pintura? ¿Puede la pintura resistir a la fotografía de hoy?
Cuando fue auténtica la fotografía fue porque supo encarnar la distancia entre el arte y la sociedad; su tarea, la que la mantiene en los límites de la debilidad de su inicio, es aquella que grita por sus poros que el arte es promesa quebrada. En tanto en cuanto la miseria de lo social de la que el arte extrae su sentido se mantenga, la fotografía parece estar obligada a mantenerse específicamente separada del arte. Fotógrafo de bodas Barcelona
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