¿Todos podemos tener éxito en la vida?

Desde el punto de vista legal, en los países civilizados todos, hombres y mujeres, tenemos los mismos derechos y, por lo tanto, la posibilidad de triunfar en la vida. En la realidad, sin embargo, el éxito está reservado para pocos.

Adán J. Loredo
Adán J. Loredo

28 de diciembre · 672 palabras

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¿Todos podemos tener éxito en la vida? - Actitud y Éxito

En teoría, todos los seres humanos tienen la misma oportunidad de alcanzar la felicidad gracias a las leyes que presumen la igualdad para todos. Aunque en la realidad, aún existen muchos obstáculos que impiden a los menos afortunados el poder alcanzar sus metas.

Un niño pobre, por ejemplo, no tiene las mismas oportunidades de educación que un niño de una familia adinerada, lo cual limita su capacidad de aspiración y puede perpetuar el ciclo de pobreza.

Sin embargo, la clave para lograr el éxito y alcanzar la felicidad va más allá de las oportunidades que se tienen a mano, sino del carácter y la determinación de esa persona por superarse.

Si un individuo, a pesar de su entorno y circunstancias, tiene un fuerte deseo de superarse y alcanzar un nivel de vida mejor, él o ella tienen la oportunidad de hacerlo; aunque no es un camino fácil.

El éxito y la felicidad pueden ser alcanzados por cualquiera si se tiene un fuerte deseo, carácter y determinación.

Lo principal en esta vida que debemos entender es que la felicidad es solo una y los aspirantes somos muchos.

Por desgracia o por fortuna, muy pocos se apropian de ella. El hecho de que las leyes, en teoría, sean iguales para todos sin discriminar a nadie por nada es uno de los avances más extraordinarios a los que hemos llegado.

Ya se puede ser bastardo, ateo, hijo de divorciados, tener un apellido raro, ser negro o moreno, sin necesidad de renunciar a los sueños propios de cada ser humano.

Y, para probarlo, hay una cantidad enorme de personajes que han logrado cumplir sus sueños, siendo que ellos mismos, en siglos pasados y en décadas pasadas, habrían estado impedidos para luchar por su felicidad.

Entonces, ¿hemos llegado a un punto de la historia en que cada ser humano puede ser feliz si lucha por ello? Efectivamente puede lograrlo en teoría; en la realidad todavía existen muchos impedimentos. Un niño que nace como el número catorce de su familia en el pueblito más escondido no tiene las mismas oportunidades que el hijo único de una familia acomodada. Desde luego que no. Este último nació con una gran ventaja a su favor.

El niño pobre será educado raquíticamente. Tal vez ni se interesara por aprender un oficio, sino que se limitara a obedecer como peón en cualquier tarea con la finalidad de sacar para comer. No tendrá muchas ambiciones porque ni su padre, su abuelo, sus hermanos mayores las tuvieron. Todos en su entorno tienen el mismo modo de vida, por lo tanto solo tendrá que comportarse como los demás lo hacen.

En cambio el niño de familia acomodada tendrá una sólida educación. Desde su infancia se hablará de su formación universitaria como algo natural que tendrá que llegar algún día. ¿Ha perdido, de antemano, la batalla el otro? De ninguna manera, porque existe algo fundamental en la vida que derribaría en poco tiempo la ventaja del uno sobre el otro: el carácter.

Si el decimocuarto de su familia se encuentra repentinamente con una ambición poco común en su entorno, podría luchar por superarse. Y si la naturaleza lo ha dotado de una inteligencia adecuada, si es decidido, arriesgado, valiente y tiene olfato para las oportunidades, se convertirá en un oponente formidable para cualquiera.

El hijo único puede ser portador, para su desgracia, de características nada comunes en un triunfador. Puede terminar una licenciatura, de ahí irse a la maestría y después hacer el doctorado y sacar promedios formidables. Pero si al hecho de ser buen estudiante le falta algo tan fundamental como el carácter, el valor o la ambición, no pasará de obedecer toda su vida. Y claro, siempre existe el lado negativo, que no sea, por encima de todo, buen estudiante; entonces la gran ventaja con la que nació se verá reducida a muy poco.

No a todas las personas les gusta competir, nazcan donde nazcan. No todos son capaces de ver las oportunidades, y algunos, cuando las ven, no encuentran en ellos el valor necesario para pelear por apropiárselas. Hay quien se resigna después del primer fracaso, otros después del segundo y algunos no lo hacen nunca. Claro que eso no garantiza el triunfo; por el contrario, sí puede garantizar una cantidad de fracasos igual a la de intentos.

Como conclusión, tenemos que el éxito está ahí, esperando siempre a los mejores. Se puede tener amistades influyentes, se puede tener padres acaudalados, se puede tener una apariencia agradable a los demás y, con todo ello, ser poseedor de grandes ventajas sobre otros, pero estas, si no se aprovechan, si no existe la capacidad para hacerlo, no durarán mucho. Ciertamente es común que triunfe el que tiene todas las puertas de antemano abiertas, pero también estas suelen abrirse ante aquel que no tenía posibilidades y se las creó él mismo.

Adán J. Loredo

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Adán J. Loredo

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