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Mucha información y poca relación

El silencio entre las personas y la incapacidad para comunicarnos, en un mundo de enlaces donde las noticias de todo el mundo entran en nuestras casas sin permiso. Esta paradoja muestra que, aunque estamos más informados, estamos cada vez menos cercanos unos a otros.

Pepe G
Pepe G

24 de febrero · 698 palabras

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Mucha información y poca relación - Psicología

En la era de las comunicaciones masivas, el ser humano tiene cada vez más dificultades para relacionarse.

A pesar de que tenemos acceso a noticias y hechos que ocurren alrededor del mundo en cuestión de minutos, no tenemos la mínima idea de lo que ocurre en el alma de nuestros conocidos y familiares.

Nos cuesta comunicarnos unos con otros y expresar nuestros sentimientos, lo que se refleja en la rapidez con que cambiamos de opinión o pareja. Los vínculos maternales y filiales a menudo se mantienen por necesidad o convencimiento, pero falta la expresión lógica y verdadera del afecto.

A pesar de tener palabras y gestos convencionales, nos faltan las expresiones de afecto genuino.

Nuestra vida y sus aspectos sociales, políticos, económicos, culturales, religiosos y muchos otros cambian según las modas y las etiquetas sociales, lo que dificulta aún más la comunicación clara y sincera.

En esta era de las comunicaciones, estamos cada vez más incomunicados en lo esencial: en nuestras emociones, sentimientos y pensamientos.

En la época de las comunicaciones masivas, los seres humanos cada vez tenemos más problemas para relacionarnos.

Ahora podemos saber en horas, en minutos muchas veces, lo que pasa al otro lado del globo. Las noticias van muy rápidas; radio, televisión, periódicos y revistas son los medios de difundir grandes y pequeños hechos, dándoles cada uno su forma y el color preferido, pero nosotros allí estamos, hablando con la pantalla de nuestro televisor o con la radio, charlando con un diario o unas páginas impresas a color, donde siempre salen las personas más famosas del mundo.

Pero no tenemos ni la mínima idea de lo que ocurre en el alma de nuestros conocidos y familiares, no tenemos del todo claro lo que sentimos, y lo que es peor, nos cuesta muchísimo comunicarnos los unos con los otros.

La gente cree que ama y se cree que piensa, pero no tiene nada clara la firmeza de su afecto ni de lo que puede opinar. La prueba está en la rapidez con que muchos cambiamos de parecer y de pareja... Los vínculos maternales y filiales se mantienen muchas veces por necesidad o por convencimiento, pero haría falta el verdadero afecto y la expresión lógica de ese cariño. No tenemos las palabras ni los gestos que indiquen la existencia de unos lazos de afecto.

Dejando a un lado saludos y sonidos convencionales, palabras hechas para muchas situaciones y alguna que otra discusión un poco subida de nivel.

Sin embargo, hay poco afecto en las expresiones; el contacto entre las personas se queda reducido a impulsos de emoción que van y vienen, existen y desaparecen con la misma duda que esos impulsos.

Nuestra vida y sus aspectos sociales, políticos, económicos, culturales, religiosos y muchos otros cambian según las modas, y como nadie quiere que lo etiqueten como "raro", se incorpora a ellas, alterando el parecer de acuerdo a cómo va el viento.

Nunca podemos plantear con claridad nuestra forma de pensar, porque realmente no pensamos, y lo poco que lo hacemos, muchas veces no forma parte de nosotros.

Entonces estamos incomunicados en la era de las comunicaciones. La mayoría de los medios de información nos barren y en ellos comienza y termina nuestra vida de relación. Nuestro tiempo, ocupado muchas veces en cosas banales, nos roba disponer de nuestros ratos de relajación y de conversación con quienes nos rodean.

Son muchas las veces que escuchamos palabras de amor en los actores de la pantalla, que no sentimos la necesidad de transmitirlas a quienes amamos. Además, la fuerza de la ficción vuelve ficticia nuestra expresión no manifestada.

Nosotros tendríamos dos problemas: falta de ideas y sentimientos, porque no se nos inculcó ni preparó para desarrollarlos; e imposibilidad de transmitir lo que no tenemos o tenemos de una forma muy vaga y poco definida.

El fracaso de la ideología en mucho o en poco, los fracasos sentimentales diarios, son signos de socorro sobre lo poco estable de nuestros sentimientos e ideas que no tienen base ni razón de ser.

La no existencia de comunicación viene de la inseguridad para hablar o hacer aquello que no tenemos nada claro ni en nosotros mismos ni en los demás.

Parece ser que se impone valorar el ámbito de los sentimientos y considerarlos como positivos, dando el papel que puedan y deban jugar en nuestras vidas. Tenemos la responsabilidad de controlar o evitar las malas emociones y potenciar las que nos gusten, y dar valor a ser capaces de pensar, de analizar, de escoger, de decidirnos y plantear nuestras decisiones actuando en consecuencia; por lo menos, empezar a razonar uno mismo, sin dejarse llevar por lo admitido o no, por las corrientes de opiniones que nos rodean.

Para llegar a una expresión concreta solo nos queda un paso. Es imposible querer de verdad y no manifestarlo, así como pensar sin actuar de forma coherente con esas ideas.

En el gran mundo de las comunicaciones hay que añadir la afinidad entre los hombres, para que sepan qué cosas deben comunicarse.

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Pepe G

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