El valor de la disciplina en la crianza de los hijos

La disciplina debe ser compartida, participativa entre todos los miembros de la familia y tendente a aportar soluciones a las problemáticas que se presenten en el hogar. Se opone a la permisividad y a la indiferencia.

Rhina D E Los Santos
Rhina D E Los Santos

17 de febrero · 405 palabras

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El valor de la disciplina en la crianza de los hijos - Adolescentes

La disciplina es un valor fundamental en la crianza de los hijos, ya que les permite tener control en sus relaciones interpersonales y en su vida diaria.

En la actualidad, los padres pueden estar alejados de casa por motivos laborales, lo que puede hacer que los adolescentes estén a cargo de personas que no establecen normas claras para ellos.

Por esta razón, es esencial que los padres delimiten y compartan las normas que deben ser seguidas por todos los miembros de la familia.

La disciplina no significa permitir todo o ser indiferente, se trata de establecer normas claras y fomentar una mayor interacción entre padres e hijos para que éstos puedan ser independientes, responsables y motivados.

A través de la disciplina, aprendemos a respetar y amar el medio ambiente, valorar y respetar a los demás, y a enfrentar la realidad de manera adecuada. La disciplina no es maltrato, sino diálogo y establecimiento de acuerdos sobre las normas que se deben seguir en casa.

Cuando un miembro de la familia viola estas normas, es importante explicarle las consecuencias de su acción y las razones por las cuales no se puede actuar de esa manera.

En resumen, la disciplina es esencial para el funcionamiento eficaz de la familia y para ayudar a los hijos en su desarrollo personal.

El valor de la disciplina en la crianza de los hijos

En toda crianza es necesaria la disciplina, ya que los niños deben crecer con ella porque implica parte de su existencia y les permite tener control en sus relaciones interpersonales. Hoy, que los padres, debido a la función laboral que ejercen en aras de satisfacer necesidades económicas, permanecen un tiempo significativo fuera del hogar y los adolescentes están al cuidado de otra persona que muchas veces no establece normas definidas.

Frente a esto, se hace necesario que los padres delimiten normas, es decir, que, entre ellos y las personas que cuidan de los niños, se apliquen las mismas normas que los padres establecen.

La disciplina debe ser compartida y participativa entre todos los miembros de la familia y tendente a aportar soluciones a las problemáticas que se presenten en el hogar. Se opone a la permisividad y a la indiferencia. El éxito de esta depende del establecimiento de normas claras y de mayor interacción entre los padres y los hijos. Así crecerán en un ambiente que les permitirá ser independientes, responsables, claros en el rol que les corresponde desempeñar y, sobre todo, motivados.

La disciplina es un valor básico en el desarrollo de los individuos y las primeras manifestaciones de ella las aprendemos en el hogar, ya que por medio de esta aprendemos a respetar y amar el medio ambiente, a valorar y respetar a los demás y a saber cómo nos enfrentamos a la realidad.

La disciplina no es maltrato, sino diálogo sobre cómo deben ser las cosas y el establecimiento de acuerdos y de cuáles normas van a funcionar en el hogar. Por esto, cuando un miembro de la familia realiza alguna acción que implica violación de las normas consensuadas, lo que procede es explicarle que no fue así como se coordinó, las consecuencias que implica no observar las normas y las razones por las que no debe actuar de esa manera. Luego veremos cómo, poco a poco, se va a ir adaptando a respetar las normas y a tener límites.

Lo cierto es que, para el funcionamiento eficaz de la disciplina en el hogar, la receta es: mucha comunicación, normas claras, responsabilidad de todos y mucho amor.

Dra. Rhina de los Santos

Rhina D E Los Santos

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Rhina D E Los Santos

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