Cómo cortar con tu novia sin hacerle daño

No existen manuales que dicten cuáles son las pautas idílicas a seguir; sin embargo, existen maneras de persuasión intelectual altamente paliativas que pueden reducir el daño al cortar una relación. En este texto expongo tácticas y consideraciones para despedir una pareja con delicadeza y conservar lo más intacto posible el respeto y la conciencia.

Nestor Gallegos
Nestor Gallegos

23 de noviembre · 1038 palabras

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Cómo cortar con tu novia sin hacerle daño - Noviazgo y Parejas

En el artículo se habla sobre cómo las crisis extremas de pareja nos vuelven cobardes y conservadores y nos impide actuar con razón.

Ante esto, la autora sugiere una idea luminosa y totalmente altruista, tomar la iniciativa de buscar pareja para nuestra ex-pareja en caso de que la relación esté destinada al fracaso.

La idea es buscar un sustituto para el ex-futurible, alguien que pueda satisfacer las necesidades y reclamos de nuestra ex-pareja. La autora asegura que uno conoce a su pareja lo suficiente como para saber qué es lo que necesita y quién podría ser un buen partido para ella.

Además, vender sutilmente las cualidades de esa persona puede reportar el éxito esperado. En resumen, la autora sugiere actuar con delicadeza e imaginación para desprenderte de una relación ya no querida, conservando el karma y la conciencia lo más intactos posible.

Si en Up in the Air, el más o menos aplaudido filme de Jason Reitman, George Clooney interpretaba al mayor experto en despedir a gente de su empleo, siendo contratado externamente por la empresa que deseaba reducir plantilla; muchas veces, a la hora de querer minimizar a uno de los protagonistas de nuestra vida, hemos deseado poder contratar a un tercero para que le diese la mala nueva.

Las crisis extremas de pareja nos vuelven cobardes y conservadores y, por más clara que esté la idea de haber dejado de amar a la otra persona, no nos parece razón suficiente como para pasar página. Cualquier razón o excusa es derribada por el dejado, a fuerza bien de chantaje emocional o de argumentos demagógicos difíciles de replicar. Para poder desprenderse del ya no querido y conservar el karma y la conciencia lo más intactos posible, es preciso actuar con delicadeza e imaginación.

Buscar pareja a la ex-pareja

Una idea luminosa y totalmente altruista es la misma que tuvo el personaje de Sarah Polley en la, debatible hasta la crispación, película de Isabel Coixet Mi vida sin mí. En ella, la protagonista, sabedora de que está afectada por una enfermedad letal que se la llevará en poco tiempo, decide buscar a una buena mujer que pueda hacer feliz a su esposo cuando ella ya no exista. Extrapolando esta idea a una relación de pareja en estado de decadencia irrefrenable, el buscar un sustituto para el ex futurible no es tan descabellado como a priori pueda resultar.

Uno conoce a su pareja lo suficientemente bien como para entender ya qué es lo que necesita y reclama y cuáles son sus principales quejas respecto a lo que adolece la relación. Entre el grupo de amistades comunes o en el círculo laboral del cónyuge posiblemente se encuentre alguna persona que se pueda considerar naturalmente más compatible con aquel que uno mismo. Dar alas sutilmente al otro, para que disponga de tiempo libre en el ámbito en el que es capaz de interactuar con el posible sustituto post-ruptura, y vender sutilmente las cualidades de aquel, casi de manera subliminal, puede reportar el nacimiento de un anhelo en el futuro abandonado.

Dejar de compartir actividades

Por lo general, lo que hace a una persona dependiente de otra es la cantidad de tiempo y hobbies que comparten juntos. Abandonar progresivamente las clases de idiomas, el horario en el que van juntos al gimnasio, el frecuentar de manera regular en compañía el mismo local de copas o el ver a la vez el estreno de la serie favorita de ambos, acurrucados puntualmente en el sofá, es un modo de desconectar, de romper el cordón umbilical. Hacerlo de manera paulatina ayudará al otro a ir acostumbrándose a una mayor independencia y, al mismo tiempo, a desvincular al novio o novia de los quehaceres más satisfactorios, siendo así mucho menos traumática la ruptura cuando se produzca.

Zanjar una relación fracasada tiene muchos puntos en común con las transiciones entre épocas de la vida, muy particularmente, con la transgresión profunda que supone dejar de vivir con la familia e independizarse gracias al primer trabajo estable o la mudanza a otra ciudad por exigencias estudiantiles, emocionales o laborales. Aunque nadie corta con sus progenitores —salvo en dantescas y poco comunes situaciones— normalmente a lo largo de la segunda adolescencia y primera juventud se van ensanchando las distancias para paliar el dolor que supone la separación natural definitiva.

Dejar de hacer el amor

El sexo suele ser el último pilar al cual se agarran por necesidad las personas insatisfechas en su vida marital. A veces se produce el paradójico fenómeno de que las relaciones íntimas mejoran de manera inversamente proporcional a las afectivas y, mientras la relación emocional, espiritual e intelectualmente es un auténtico fracaso vergonzante, debajo de las sábanas se esconde un auténtico Disneyland de la lujuria. Esta circunstancia únicamente provoca una prórroga indefinida antes de soltar definitivamente las amarras y que el caballo de la decepción y el olvido se desboque.

Al negarse, o eludir mantener relaciones sexuales con la pareja, se afianzará la atracción por un tercero que se haya podido crear tras la puesta en práctica de la primera recomendación y, asimismo, se sumirá a la futura víctima en un aburrimiento supino que tarde o temprano le obligará a buscar, aunque sea oníricamente, a otra persona que supla sus carencias y reclamaciones eróticas. De esta forma, cuando la ruptura llegue, será presentada en buena parte como una liberación y la apertura de par en par de las puertas hacia un mundo cuajado de buffets libres de lo carnal.

Cómo decir adiós

A pesar de haberse podido crear un clima de dejadez y distancia suficiente como para que la otra persona esté casi deseando recibir o dar la patada al noviazgo, todo lo que se ha de decir, en el momento en el que la decisión es tomada, resulta crucial. Los gestos, las frases, el medio, el lugar y la época son factores a tratar con delicadeza. Jamás dejar por carta, mail, teléfono, messenger (o derivados), mensaje de texto, post it, burofax, videoconferencia o cualquier otra forma que evite lo tangible.

Es preferible romper en casa del dejado o en cualquier lugar posible que esté dentro del hábitat del mismo; si se comparte casa, se ha de tener preparado un segundo refugio para huir, por respeto, tras la charla final. Entonar un memorándum de los mejores recuerdos de la relación y agradecer lo vivido. Evitar tópicos tales como: "no eres tú, soy yo" o un delator "no, no es porque haya otra persona". Por supuesto, se ha de mirar siempre directamente a los ojos.

Hay que tener en cuenta, por último, que quizás durante toda la elaboración de la estrategia perfecta para no sentirse miserables a la hora de zanjar una relación, uno se puede dar cuenta en la distancia consciente, en la despedida alargada, de que, en realidad, solo quería un pequeño descanso.

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