Vivir para ser feliz
La vida siempre nos reserva sorpresas, buenas y malas, una verdadera caja de Pandora que puede hacernos felices hoy y entristecernos mañana. Por eso debemos estar atentos a sus señales, disfrutar cada segundo como un préstamo y hacer de cada día una nueva aventura que nos llene.
15 de junio · 751 palabras
La tristeza puede ser abrumadora y puede hacernos sentir impotentes ante los golpes inesperados que la vida nos da. La vida es sorprendente y no siempre sigue nuestros planes, lo que hace que sea difícil encontrar la felicidad que tanto anhelamos.
A veces, el camino hacia la felicidad parece estar lleno de obstáculos y dificultades, como enamorarnos de alguien equivocado y vivir en una perpetua tristeza y frustración. Sin embargo, es importante aprovechar cada momento de felicidad que la vida nos concede, ya que nada dura para siempre.
Debemos tomar riesgos y vivir plenamente cada instante para no arrepentirnos de no haberlo hecho. La vida es incierta y nadie sabe lo que el futuro nos depara, pero podemos encontrar la felicidad en los pequeños momentos y en las personas que nos aman.
Por lo tanto, debemos tomar cada oportunidad que la vida nos ofrece para ser felices y no dejar que nuestros prejuicios o miedos nos impidan vivir plenamente.
Cuántas veces hemos podido sentir que la tristeza nos gana y nos encierra en un círculo tan pequeño que nos asfixia, esos momentos cuando sentimos que ya no tenemos fuerzas y nos parece que no hay dolor más grande que el nuestro. Sí, a veces nuestras vidas toman un rumbo tan inesperado que nos sorprende de tal forma que quedamos indefensos ante tan drástico giro, y es que simplemente nadie está preparado para perder. La vida es una gran «Caja de Sorpresa» y una constante carrera por ganar, por eso los golpes que ella nos da suelen ser más fuertes de lo que a veces pensamos y nos marcan de manera irremediable.
Venimos a este mundo para ser felices… Pero cuánto trabajo cuesta a veces… es como si todas las cosas en ocasiones se nos presentaran de manera invertida y a destiempo, para hacernos más difícil el camino. Saber dónde está tu verdadera felicidad, pero no poder ir por ella porque te está prohibido, enamorarse de la persona equivocada, estar convencidos de que no es para nosotros y, sin embargo, amarla con todas las fuerzas, sentir todo nuestro mundo al revés; eso es condenarnos a vivir en una eterna frustración y tristeza por lo que nunca será.
¿Quién podría descifrar el misterio que encierra la vida y lo que tiene marcado para cada uno de nosotros? Es imposible saberlo; lo que generosamente te da hoy, mañana puede quitártelo de un solo zarpazo. Ella solamente te presta los elementos para que seas feliz en ese momento, y solo ella sabe por cuánto tiempo habrás de disfrutarlo. Nada es nuestro para siempre, porque la vida se conforma simplemente de instantes que nosotros debemos aprovechar y vivir al máximo, tratando de cometer el menor número de errores posible para no desperdiciar ni un solo segundo.
Muchas veces dejamos escapar momentos preciosos por un falso prejuicio o por la falta de valor para arriesgarnos, pensando que podemos perder. ¿Cómo podríamos estar seguros de eso si no lo intentamos? No siempre se gana en todo, pero si nos detenemos a pensar, serían muchos los momentos hermosos que se nos estarían escapando de las manos. La felicidad solamente depende de nosotros, de la inteligencia que tengamos para retenerla cuando nos llegue lo más posible a nuestro lado. Mientras la tengamos y nos dé esa oportunidad para pintar de colores nuestra existencia, podremos llenarnos y nutrirnos con ella; que no quede espacio en nuestras vidas para las dudas. Convertir cada día, cada hora y cada segundo en cúmulos de experiencias maravillosas y que los tropiezos solo sean aprendizajes para hacernos crecer y no para hacernos sufrir.
Todo lo que viene a nuestras vidas llega con un fin, bueno o malo, y debemos aprender mucho de eso porque es parte del saber vivir. Es aquí donde nuestra fortaleza e inteligencia juegan un papel súper importante para no dejarnos llevar por la corriente arrolladora de sus designios ya marcados. Debemos aprender a danzar al ritmo que nos toque, porque si es verdad que no podemos evitar los sufrimientos, también tenemos que saber que los momentos de felicidad debemos multiplicarlos por mil, para que los menos afortunados sean tan pequeños que casi no los podamos ver. Por eso no nos preocupemos tanto por lo que vendrá después; preocupémonos y ocupémonos por lo que tenemos ahora, por esa felicidad que está ahí sonriéndonos y esperando ser invitada para enseñarnos la parte positiva de la vida, ese huésped que, si lo sabemos atraer, podría quedarse por un tiempo indefinido regalándonos los momentos más maravillosos jamás vividos.
Amemos, sí, amemos por completo, sin reservas, con intensidad; que nuestras vidas se conviertan en un gran “hoy” y en un gran “presente”, porque el mañana siempre será incierto. Dejar pasar de largo lo que nos viene a llenar de alegría y felicidad solo por un absurdo temor nos dejará el amargo sabor de lo que pudo haber sido. Es nuestro turno de ser felices: procuremos con sabiduría disfrutarlo lo más que podamos, haciendo lo posible para que su estancia perdure el tiempo necesario para conocer las verdaderas dimensiones de la felicidad más pura y así poder decir después, mañana, que valió la pena vivir y arriesgar porque con eso fui inmensamente feliz.
Longina siempre contigo
Sobre el autor
sólo expresar mis pensamientos a través de mis letras, pienso que es una forma de dar rienda suelta a los sentimientos de manera franca y dirécta, espero poder lograr mi...
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