Vencer o morir. patria o muerte. ¿sabiduría o estupidez?
Este ensayo tiene como objetivo reflexionar sobre la actitud de muchos que, amparados en el socialismo (usualmente llamado comunismo), repiten consignas como las citadas en el acápite. Lo peor es que esas consignas están destinadas a que las ejecuten las masas, pero jamás los agitadores.
6 de enero · 1523 palabras
El autor del artículo se sintió indignado al ver un comentario en una página alusiva a José Martí que decía "patria o muerte". El autor explica que Martí no estaba a favor de la violencia.
Critica a las personas que repiten consignas sin investigar, y recuerda las palabras de Martí de que "los bárbaros que todo lo confían a la fuerza y a la violencia nada construyen, porque sus simientes son de odio".
El autor defiende que la violencia no es una alternativa adecuada para resolver conflictos y diferencias personales, ni para obtener lo que deseamos. Pone como ejemplo el derramamiento de sangre a lo largo de la historia de la humanidad, y critica la obsesión por conseguir metas a cualquier precio.
El autor destaca que el problema no son las metas en sí, sino los medios que utilizamos para conseguirlas. Por ejemplo, explica cómo los europeos del siglo XV necesitaban metales preciosos para acuñar monedas, pero la conquista de América llevó a la injusticia y el abuso de los aborígenes.
En resumen, el artículo defiende la importancia de luchar por nuestras metas de manera justa y pacífica.
El caso es que, como sabemos, Cuba es uno de los pocos países que han impulsado una economía centralmente planificada; su líder actual, Fidel Castro. Pues bien, hace unos días me sentí indignado porque alguien, en una página alusiva a José Martí, escribió el siguiente comentario: “patria o muerte”. La indignación se debe a que José Martí no estuvo a favor de la violencia; entonces sucede que las masas de la izquierda (liberales) sólo repiten consignas, sin tan siquiera detenerse a investigar. Cito palabras textuales del poeta y político en referencia: “Los bárbaros que todo lo confían a la fuerza y a la violencia nada construyen, porque sus simientes son de odio.”
La formación que el hombre recibe a través de su vida le hace actuar con violencia. Esta no es la alternativa adecuada para resolver los conflictos y diferencias personales, mucho menos el medio para obtener lo que deseamos. La historia de la humanidad está llena de derramamientos de sangre: son miles y miles de personas que han sido víctimas de la guerra, la violencia institucionalizada y la delincuencia común.
Cuando se trazan metas es necesario determinar su conveniencia o no. Todos los seres humanos aspiramos a mejores condiciones de vida; ello es loable. El problema se presenta cuando convertimos nuestras aspiraciones en una obsesión, al extremo de que no importa lo que tengamos que hacer con el fin de conquistarlas. Como suele decirse en una trillada expresión: “el fin justifica los medios”, lo que contradice el pensamiento humanista de las constituciones contemporáneas; por supuesto que la nuestra no es la excepción.
El problema, entonces, son los medios que utilizamos para conseguir lo que anhelamos. Los europeos del siglo XV tenían graves problemas económicos; necesitaban conseguir metales preciosos para acuñar monedas y otros. Esto era normal. Lo anómalo es que cuando es descubierta la tierra americana, los aborígenes son despojados de sus recursos y sometidos a un trato inhumano, cruel e injusto, incluso segando la vida de miles de ellos. Utilizando la violencia y el terror se saquea, conquista e impone una nueva religión en el nuevo continente. Son muchos los ejemplos que podríamos citar.
Ahora bien, un militar o los ejércitos de un Estado en defensa de su soberanía y la seguridad de la nación podrán emplear la violencia, tal y como lo establece la Carta de las Naciones Unidas en su art. 51, con las siguientes palabras: “Ninguna disposición de esta Carta menoscabará el derecho inmanente de legítima defensa, individual o colectiva, en caso de ataque armado contra un Miembro de las Naciones Unidas, hasta tanto que el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para mantener la paz y seguridad internacionales. Las medidas tomadas por los Miembros en ejercicio del derecho de legítima defensa serán comunicados inmediatamente al Consejo de Seguridad, y no afectarán en manera alguna la autoridad y responsabilidad del Consejo conforme la presente Carta para ejercer en cualquier momento la acción que estime necesaria con el fin de mantener la paz y la seguridad internacionales”.
La legítima defensa es una de las causas de antijuridicidad que la legislación penal de los Estados prevé a favor de los individuos que cometen un delito. Es válida la defensa personal, como también la que realice un Estado para mantener su soberanía y la seguridad de la nación. Sin embargo, la realidad política internacional actual refleja que, amparados en el Derecho Comunitario o de Gentes, las potencias económicas invaden la soberanía de los Estados. No con el ánimo de ayudar, sino a fin de mantener su hegemonía mundial. Esto no contribuye con la paz mundial, sino que crea descontento popular. En ese sentido, las potencias económicas deben ser respetuosas de los pueblos.
El uso de la fuerza y la violencia han mantenido a la humanidad en constante zozobra; pero, a pesar de ello, se sigue haciendo uso de esta como un medio de satisfacer intereses egoístas que evidencian el mal uso del pensamiento en la búsqueda de soluciones a los graves conflictos y diferencias que son normales entre los seres humanos y las naciones. Hace miles de años un humilde pensador de Galilea dijo: “si alguien te golpea una mejilla, pon la otra”. Metafóricas palabras con un gran contenido de sabiduría, que no implican que se deba permitir el abuso físico e incluso buscarlo, sino la “no respuesta violenta”. Recordemos las palabras del líder de la independencia de la India (Mahatma Gandhi), cuando dijo: “Dejen las armas, por cuanto éstas no van a servir para salvarles a ustedes ni a la humanidad. Deben invitar a Hitler y Mussolini a que tomen todo lo que quieran y de sus países. Si ellos quieren ocupar sus casas, váyanse de ellas. Si no les permiten salir, sacrifíquense a ellos, pero siempre rehúsen rendirles obediencia”.
El instinto de conservación de las fieras les hace responder con violencia al ataque, pero los seres humanos estamos obligados a buscar otras soluciones.
Amparados en la defensa de los derechos individuales, sociales y políticos, hemos visto en las décadas pasadas a las turbas callejeras poner en peligro la integridad física de sus militantes y la de los transeúntes, lo mismo que la destrucción de la propiedad ajena. Sin embargo, algunos siguen pensando que la única solución a los graves problemas de injusticia social, de mala distribución de la riqueza, en fin, es el sacrificio de la vida humana y la destrucción de la propiedad privada.
En El Salvador existe una amenaza ideológica dirigida por aquellos que abandonaron el fusil para convertirse en los peores enemigos del pueblo salvadoreño. Hoy, gracias a la pobreza e injusticia social, están en el poder. Para quienes la siguiente definición encaja correctamente: “pensadores socialistas con panza de capitalistas”. Sin embargo, el pueblo no tiene trabajo; los salarios apenas logran satisfacer las necesidades; hambre, desempleo, delincuencia y otros siguen siendo males que no pueden combatir. La supuesta clase media, a la que el actual presidente (Sr. Mauricio Funes) iba a fortalecer, ha resultado, en este momento, mucho más lacerada, porque es la que tiene que cargar con los costos de las medidas económicas impulsadas de una manera desesperada por el gobierno. Y todavía tienen el descaro de crear una escuela de capacitación ideológica, y las consignas que los jóvenes repiten son: “patria, socialismo o muerte”.
Cuánta razón tenía José Martí cuando dijo: “Los bárbaros que todo lo confían a la fuerza y a la violencia nada construyen, porque sus simientes son de odio.” Sí, cuánta razón tenía, repito. Los detractores del capitalismo nunca, pero nunca han hecho algo por este país. Nunca han construido. ¿Dónde están las escuelas, los hospitales, las guarderías, carreteras, puentes? ¿Dónde están las empresas creadas por éstos, dónde los empleos? Han hablado tanto en contra de Estados Unidos y mucho a favor de Cuba (dejo claro lo siguiente: los cubanos son nuestros hermanos; la fraternidad es universal; jamás se debe infundir odio contra ninguna nación del mundo; al contrario, todos debemos unirnos por la fraternidad universal), pero hoy que son gobierno siguen solicitando ayuda económica a su principal enemigo (EEUU). Quemaron públicamente la bandera de los Estados Unidos. Además, en las universidades y centros de educación media, aún en estos tiempos se sigue hablando del “imperialismo yanqui” (en sentido peyorativo). Nuestro gobierno ha firmado un convenio en el área educativa con la isla de las Antillas (Cuba). Ahora bien, el caso es que, para ejecutar el programa de alfabetización, se contará con el apoyo técnico de asesores cubanos. Lo anterior debe hacernos reflexionar. ¿No cuenta nuestro país con expertos en el área de educación? ¿Será apoyo técnico el que brindarán? ¿No será que su objetivo es ideologizar, tal como sucedió en el pasado con el Programa de Alfabetización Salvadoreño? ¿Qué consignas van a repetir? ¿No serán las mismas de la Escuela de Capacitación Ideológica creada por el dirigente del FMLN y actual Ministro de Educación? Por supuesto que sí; y esas palabras son: “patria, socialismo o muerte”.
¿Hay algún problema en que los seres humanos tengamos una ideología? Por supuesto que no; pero lo inconcebible es que continuemos fomentando odio entre hermanos e incluso contra los países del mundo, y, peor aún, que se haga uso de la violencia. Estamos a pocos días de que se conmemore el décimo noveno aniversario de los Acuerdos de Paz (16 de enero de 1992), y los farabundistas continúan pensando en pelear; pero ¿contra quiénes? La verdad, no sé. Tienen que cambiar su actitud, porque, como dijo Víctor Hugo, “Nada tan estúpido como vencer; el verdadero triunfo está en convencer”. Lamentablemente no han podido convencer; lejos de cumplir con sus promesas, han cargado a la clase media con los costos de medidas económicas populistas como entrega de paquetes escolares; se ha incrementado la delincuencia, los costos de servicios básicos, la canasta básica y los incrementos fiscales, en fin. Al no poder convencer, hacen uso de la ideologización (idiotización) para adormecer al pueblo.
Por Lic. Jaime Noé Villalta Umaña
Prof. y Abg.
Sobre el autor
Dios, familia y trabajo. Vivir con responsabilidad y honradez es mi lema. Me gradué como Profesor y posteriormente como Licenciado en Ciencias Jurídicas, autorizándome como...
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